DE LA RISA AL LLANTO

Ramón Palomar
RAMÓN PALOMAR

Un amigo estrella de rock me confesó hace poco uno de sus mayores ridículos ejerciendo saludable autocrítica. Una pareja le esgrimió el telefonillo móvil. El cantante acudió presto para posar pues es un tipo amable que nunca rechaza los fans. La pareja puso cara de pasmo: no sabían quién era, sólo pretendían que les disparase una foto. «Desde aquello voy con mucho cuidado...», añadió el amigo sonriendo. Alcanzada determinada edad, en general, ante la duda se opta por la discreción. Mejor pecar de humilde que de soberbio. Sólo los espíritus saturados de una seguridad aplastante se decantan hacia el protagonismo estelar en cualquier situación. Pero a veces pasa lo que pasa, y por eso todavía resuenan las chuflas ante lo del presidente Sánchez junto a los Reyes durante el besamanos de la Hispanidad. Pero no apostemos por la crueldad absoluta por mucho que su lado de figurón feroz haya estallado... Recordemos... Venía de gira de ultramar, y quieras o no el jetlag unido a la primeriza emoción de alternar con otros líderes fertiliza la vanidad. Además, por la mañana había sufrido un rudo abucheo, con gritos de «¡okupa!» y «¡elecciones!». Luego el ágape con lo mejorcito de cada casa, periféricos incluidos. Comprendo, pues, su lapsus, aunque también el descojono del personal. Frente a las muestras de buen humor, convendría no desviarse de los presupuestos que pueden aprobar. Escucho voces autorizadas pronosticando las siete plagas; aunque no faltan otras, pocas, apuntando sus beneficios. Ignoro qué sucederá, pero algo tengo claro: si Podemos es el vigilante asesor económico del actual gobierno, en vista de sus éxitos venezolanos, estamos perdidos. Observar el error protocolario de Sánchez nos ha proporcionado risas, pero unos presupuestos tutelados por Podemos nos conducirán al llanto. Peligro.

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