Quiero mi patinete

BORJA RODRÍGUEZ

Sale el sol, las calles se llenan de gente con sus quehaceres cotidianos y descubro que hay quien se pregunta por el ganador de las elecciones en la ciudad de Valencia. Bendita felicidad. «Todo sigue igual», respondo a una vecina con la que he compartido conversación en el ascensor. Ignoro si se debe a que era muy temprano pero ciertamente juraría que, por su cara de indiferencia o de dormida, le daba igual el resultado electoral. Salgo a comprar el pan y a la vuelta me encuentro hablando en la puerta de la finca al conserje y a otra vecina con caras de preocupación: «¿Cómo es posible que hayan votado a los del carril bici?». La mujer no entendía que tantos votos a favor de Ribó, hubieran aprobado la gestión del carril bici de Antiguo Reino o de Ruzafa. Mientras el conserje fumaba el cigarrito post-café con la mirada perdida a ambos lado de la calle, la vecina auguraba, vistos los resultados, una peatonalización del centro de la ciudad. «¿Y tú qué opinas?»», me pregunta. A esas horas me he repasado la prensa y escuchado varios informativos, sumado a la sobredosis informativa de los últimos 15 días de campaña electoral. Saturado como usted muy posiblemente de tanta política, reseteé mi cerebro y le ordené borrar los recuerdos de las últimas dos semanas. «Lo tengo decidido desde hace tiempo», le respondo. Hace meses pensé que, si en estas elecciones municipales volvía a ganar Compromís, era el momento de unirse al club del patinete (eléctrico por supuesto) y disfrutar de los interminables carriles bici que ha parido el más polémico de los concejales, el señor Grezzi. Si en cuatro años y en contra de parte de la ciudadanía ha logrado modificar la movilidad de Valencia, este nuevo triunfo de Compromís justificará cualquier actuación en la próxima legislatura. Lo bueno empieza ahora.

Dicho y hecho, me fui de inmediato a El Corte Inglés para cumplir con la promesa. Paseo, miro, observo todos los modelos en la planta de deportes. Los hay sin motor desde 25€ hasta los 900€ que te llevan sin mover un pie, como un marqués. De los baratos no hay ningún problema para adquirirlos, la mala noticia es que todos los patinetes eléctricos (los caros) están agotados por la demanda actual. Cunde la desolación. El vendedor, Manuel, que me atendió fantásticamente me dice que están recibiendo unas 10 unidades diarias y se las quitan de las manos.

En la primera legislatura, pruebas, aprendes y si te votan para repetir en la segunda es cuando arrasas. El pueblo soberano ha decidido. «Adaptarse es una buena estrategia», le respondo a mi vecina. Tras apenas 24 horas la buena noticia es que ya tengo a disposición la nueva unidad de transporte: mi patinete eléctrico, para conquistar mil carriles bici, la peatonalización del centro y más allá.