¿Quién soy?

Sólo un 17,8% de los encuestados en el Barómetro sabe que nos gobierna el PSPV con Compromís

María José Pou
MARÍA JOSÉ POU

Si el Consell jugara con los valencianos a taparnos los ojos y preguntar, como a los niños, «¿quién soy?», se encontraría con el desconcierto y la incapacidad de muchos para contestar. Eso es lo que se desprende del Barómetro encargado por la propia Generalitat y que refleja un gran desconocimiento de los valencianos respecto al gobierno autonómico. Solo un 17,8% sabe que nos gobierna el PSPV con Compromís. Algunos creen que también lo hace Podemos y los hay incluso que sitúan al PP todavía por el poder. Como si nada hubiera cambiado. Como si no se notara. Quizás se deba a que los del Botànic han estado durante años situados en el personalismo y en el eslogan y no tanto en un sentido unitario del modelo de comunidad que se defendía. O tal vez es porque a los valencianos lo que más nos preocupa no es la corrupción y el látigo camisetero contra los presuntos sino el paro, la sanidad y la educación. O sea, la gestión de lo que nos toca más de cerca y lo que nos quita el sueño a diario. El sueño de verdad, no el de la tertulia de café. Aquel tiene poco que ver con los asuntos gremiales de algunos lobbies a los que rinde pleitesía el Consell. Como todos los Consells. Cada cual a su manera.

Dice el Barómetro que aproximadamente uno de cada cuatro ciudadanos desconoce qué partidos dirigen la marcha de la Comunidad Valenciana y lo dice cuando hemos iniciado la mitad de la legislatura y todo tiene clave electoral. Es como la marmota Phil que nos indica si llega ya la primavera o vamos a tener seis semanas más de invierno. Aquí esas semanas son la del mensaje institucional autocomplaciente que irá in crescendo hasta el clímax de la campaña. Pero hay un problema. Nuestros gobernantes tienen ante sí un gran dilema. Si las cosas van mal, el voto puede huir hacia los partidos de la oposición para que todo cambie, pero, si van bien, es posible que huya también al no saber exactamente a quién atribuirle la mejoría. Así, la duda es ¿resulta conveniente difundir la firma de los obradores del «milagro valenciano» o no? La única respuesta posible es sí pero vinculando los éxitos con sus autores. Es la propaganda a la que nos expondrán en los próximos meses. Está a punt. Prácticamente a punt.

El Barómetro también dice que solo hay un tema de los defendidos por el Botànic que una a la sociedad: la infrafinanciación. Eso significa que los valencianos distinguen el mensaje político y el dato de la realidad. Y también que los asuntos que intentan hacer pasar por prioritarios no lo son tanto para sus interesados. En una palabra, que no cuela fácilmente, que no es tan eficaz la propaganda utilizada desde el poder. Ni tampoco la chincha rabiña de la oposición. Lo mejor es una de las conclusiones que dio ayer el presidente Puig: la superación de las hipotecas del pasado. Una buena noticia. No solo ese avance sino saber que ya no podrán apelar a él para justificar los errores propios.

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