Y nos quejamos de España...

PEDRO CAMPOS

Cuando pensábamos que nada podía superar el frikismo de Eurovisión, otro festival lo ha superado. La política. Un chirigotesco personaje como Trump se ha convertido en el líder del mundo libre, 'pecho lobo' Putin se ha perpetuado en Rusia y la gran amenaza con sus misiles es un tipo de pantalones de camal ancho y que le vienen cortos, además de llevar un corte de pelo que ni los canis. Es Kim Jong-un. El último sainete ha llegado con las elecciones italianas. País ingobernable, donde el partido más votado lo lidera un humorista -Beppe Grillo- y en la oposición continúa Silvio Berlusconi, o lo que queda de él, con su Forza Italia. Las opciones para formar gobierno se antojan imposibles, pero en Italia todo es posible. Sólo en la pasada legislatura afloraron 546 tránsfugas. Allí el que no corre, vuela. Romano Prodi, que parecía un hermanito de la caridad, tenía 26 ministros, 10 viceministros y 66 subsecretarios. Todos cobraban, claro. Uno de estos últimos, Antonio Gentile, dedicado a las infraestructuras, tuvo la genialidad de pedir el Nobel de la Paz para Silvio Berlusconi por haber acercado occidente a Putin. Como lo leen. Que hiciera alguna carretera ya es otro cantar. El genial Íñigo Domínguez, en sus 'cosas normales en Italia', relataba que una de las veces que el Gobierno se ajustó el cinturón suprimió 470 licenciaturas inútiles, como la de Bienestar del Perro y del Gato o la Ciencia de las Flores, así como 232 entes públicos como la Sociedad Dálmata Patriótica o la Asociación de Veteranos y Supervivientes Garibaldinos, y eso que Garibaldi combatió su última batalla en 1871. La palma se la lleva un funcionario que fingió ser ciego durante 24 años. Era telefonista en una cárcel. Lo pillaron leyendo el periódico y acababa de comprarse una moto de gran cilindrada. Y nos quejamos de España.

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