POR PURO EGOÍSMO

ISABEL FERRANDO

Estamos todos con el corazón encogido. Son tantos y tan graves los destrozos que ha causado esta gota fría, y tan visibles, que miramos al cielo recordando otras que también sufrimos y que acaso fueron quizá peores o puede que más leves.

Recuerdo aquella vez en Dénia en que se nos inundó por completo el laboratorio de mi madre, que estaba entre la calle Marqués de Campo y la calle Colón, y fuimos sacando la maquinaria como pudimos, con el agua muy por encima de las rodillas, para al menos salvar algo. Más hacia abajo, en el Paseo del Saladar o en Patricio Ferrándiz, no pudieron hacer ni eso, de lo alto que llegó el agua. Todo perdido.

Recuerdo también aquella vez que las cañas del cauce del Girona taponaron los ojos de los puentes y la fuerza de las aguas quebró el de Beniarbeig. Salió tan fiero el río que en cuestión de segundos El Verger se ahogó y hubo quien no pudo salvarse.

Recuerdo muchas veces, cosas que he visto y que me han contado. Enseres perdidos en lo más leve y vidas truncadas en lo peor. Imágenes que han desfilado por la prensa escrita, por la televisión, por internet, por whatsapp. Lluvia, viento, nieve, mar enfurecido... Naturaleza desatada que nos obliga a darnos cuenta de que toda la tranquilidad que hemos conseguido en siglos de civilización puede desaparecer en un único instante. Así de frágiles somos.

En medio de todo -cuando más arrecia la tormenta- surgen hombres y mujeres dispuestos a plantar batalla, a calarse hasta los huesos, a pasar la noche entera sin dormir para que los demás podamos seguir a salvo en el interior de nuestros hogares. Son muchos: Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, bomberos, sanitarios, brigadas de Obras y Servicios, voluntarios de Protección Civil...

Son el mejor ejemplo de lo que somos capaces de conseguir como sociedad, y como sociedad deberíamos preocuparnos más de que estuvieran mejor atendidos y contaran con mayores medios. Aunque fuera por puro egoísmo, ya que nos puede ir la vida en ello.