Un pulpo con látigo

BRUNO FERNÁNDEZ TERRASA

Durante el acto de repulsa por el último asesinato de una mujer a manos de su marido, los concejales de Vox del Ayuntamiento de Madrid despliegan una pancarta que anuncia, «La violencia no tiene género». Alarmado, el nuevo alcalde de la capital, el popular José Luis Martínez Almeida, se apresura entre cabeceos y manotadas al aire a afearles, rodeado de un enjambre de medios de comunicación, su discrepancia protocolaria -y filosófica- en el duelo. Acción de los de Abascal entre audaz y temeraria, pues nunca se sabe a quién puede favorecer estos espectáculos efectistas. El primer edil madrileño puede respirar tranquilo, mantiene con su gesto intacta la imagen de «derecha razonable» que se ha ganado desde la irrupción de la formación verde en el escenario político. Los populares dicen rechazar el «feminismo del 8-M», pero cuando se sienten acorralados actúan como gazmoños de los postulados de la «ideología de género». El columnista Hughes escribe al respecto que «al PP no le importa que haya que pedir informes de género para el urbanismo, mientras controle el urbanismo». Cuánto acierto condensado en diecinueve palabras.

El PP es como un domador de fieras octópodo que ejerce el control de tantos felinos devorahombres como le sea posible, siempre que el látigo lo tenga él. Eso mismo debieron pensar Zaplana y Camps cuando pasteleaban desde el poder con aquel catalanismo estructural heredado del PSPV de Lerma y Císcar. ¡Con el zurriago a ocho manos, flash, flash! ¡La unitat de la llengua pasa por el aro de fuego! ¡Flash! ¡Escola Valenciana brinca sobre los cuartos traseros con sus temibles fauces abiertas! ¡Flash! ¡La inmersió lingüística hace equilibrios sobre una gran bola roja! ¡Espectacular! Pero al domador, burócrata eficaz, se le acaba la suerte y, ¡zas!, de un solo zarpazo queda sin rostro y arrodillado. Ahora deambula por la sabana como un cazador furtivo, con la promesa incierta de ejecutar a la bestia en cuanto la tenga a tiro.