PULGARCITO RIBÓ EN PATINETE

PULGARCITO RIBÓ EN PATINETE

ANTONIO VERGARA

Nunca se ha visto a un comunista con menos valor que el 'batlle' Joan Ribó. A lo más que se atreve, porque forma parte de su 'tarannà' (talante, modo de ser) es a sembrar una política catalanista -conchabado con Sento Marzal, el consejero de Educación- y así -«com tota pedra fa paret»- culminar su viejo sueño de «els Països Catalans» («de Salses a Guardamar»), republicanos, 'independents' y comunistas.

Esto es un espejismo, igual que ver un oasis con piscina en el desierto de Kalahari. No lo conseguirá y podría terminar investigado, como la banda independentista de la Generalidad Catalana, si hace caso del dicho «a on va la corda, va el poal». El «poal» ya está casi al completo, en la cárcel o a punto de que el señor magistrado y los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, a quien deben obediencia estatutaria, conduzcan a más sediciosos y rebeldes a un penal.

La última y muy reciente parida catalanista de Ribó y sus asesores ha sido pintar en las aceras del barrio del Xúquer, entre otros, una especie de logotipos -¡de color amarillo!, como los lacitos: nada es inocente si nace de la izquierda nacionalista- indicando a los alumnos de dos y ocho años por donde deben caminar. Una flecha los orienta. Hay un colegio cercano que ya conocen.

Teniendo en cuenta que estos niños van siempre acompañados de sus familiares, ni Pepe Stalin hubiera osado gastar tantas manos de pintura en una tontería así. Ni que todos fuéramos unos retrasados mentales. El comunista-catalanista Joan Ribó cree que somos menores de edad -me refiero a los adultos- y además confunde a los ciudadanos con Pulgarcito, quien se guía en el bosque siguiendo el rastro de unas migas de pan. Hoy no le provocarían curiosidad. Que pruebe Ribó con el 'Phone' de última generación, pintado de amarillo.

Sí, decididamente, a Ribó y su equipo le faltan 'cataplines' y capacidad de gestión. Cuando camino por la calle de Colón advierto que su compinche, el 'consechal' Grezzi -tras quien se resguarda- la ha dejado hecha unos zorros, o zorras, escrito sea a favor de la 'igualdad de género'. Grezzi la ha destrozado. Y unas cuantas más. Y las que seguirán si el electorado persiste en ejercer de 'ceporro' y aficionado a las 'probaturas'.

Queridos (y queridas) votantes. Hay que ejercer el derecho al voto tras estar muy bien informado, reflexionar y huir del amarillismo tendencioso de izquierdas, así en la tele como en muchas emisoras de radio. La Sexta y Cuatro son tóxicas. Ahora se le ha añadido nada menos que RTVE, tomada al asalto por P. Sánchez-Pérez Castejón, Pablo Iglesias y los independentistas. Un escándalo que desprestigia aquella noble profesión -creía yo- que es el periodismo.

Y Ribó quiere arreglar hoy, después de más de dos meses soportándolos -los ciudadanos, no él- los funestos patinetes eléctricos que van sembrando el pánico en las aceras, calzadas y grandes vías. Si tuviese el físico de Richard Widmark podría interpretar una nueva versión de la película 'Pánico en las calles', dirigida por Elia Kazan en 1950, metáfora anticomunista.

No hace más de quince años, los ciudadanos andaban tan ricamente por las aceras. Sin miedo. Pero el alcalde Ricard Pérez Casado decidió que lo progresista era construir un carril bici a ninguna parte. Lo había visto en Ámsterdam, Parma o Copenhague. Y lo importó. Pero Valencia no es Ámsterdam, Parma ni Copenhague. Así comenzó la génesis del caos. Ribó y Grezzi retomaron su progresismo de salón. Porque no vayan a pensar que la actual anarquía es sólo culpa de los automóviles, las motos y los peatones, no.

A éstos se sumaron los 'bicicleteros urbanitas' pedaleando con chanclas y zapatos de ejecutivo; o mujeres rozando la ancianidad tambaleándose de un lado a otro por el peso de la cesta de la compra. Un espectáculo pleno de modernidad solidaria en pro de la disminución del agujero en la capa de ozono.

Y ahora los patinetes eléctricos, instalados, furtivamente o a pleno sol, sin que Pepe Stalin & Grezzi se enteraran. Los peatones estamos aterrorizados. Y Ribó jugando a Pulgarcito.

Paradójicamente, es la industria capitalista la que manufactura millones de bicicletas y patinetes. Y obtiene cuantiosos beneficios de la fanática fe izquierdista.

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