Puig y su dilema

Manu Ríos
MANU RÍOS

Tres días para cerrar el interrogante. El 5 de marzo termina el plazo para que el presidente Puig haga uso de su potestad y convoque elecciones autonómicas el 28 de abril. Sabremos si se atreve a dar el paso de desmarcarse de otros gobiernos regionales o se queda en una posición mucho más prudente y deja las cosas como están previstas para el 26 de mayo.

La papeleta que tiene delante no es poca cosa. Esta bifurcación de caminos le tiene hecho un mar de dudas. Más allá de las supuestas encuestas del CIS de Tezanos y de las expectativas que marcan un triunfo del PSOE, Puig, que siempre ha sido un político prudente, debe sopesar tantas variables que la decisión que tome puede tener tintes de tragicomedia griega. O los gurús de la política saben muchísimo y lo tienen meridianamente claro, cosa que no parece ser, o lo mejor será tomarse las encuestas como un ejercicio más propio del tarotismo y de la videncia. Nadie tiene la verdad absoluta y hay demasiado en juego como para precipitarse. Entre otras, muchas bocas que alimentar durante cuatro años más.

En esta época de incertidumbre por la derecha y por la izquierda, no parece muy aconsejable marcarse un solo. Tómese como referencia el batacazo que se dio Susana Díaz, que sin tener un full o una escalera en las manos, se marcó un farol que terminó derrotándola. Puig debería tenerlo muy presente.

Y además, por más que lo pretenda -que tampoco parece que le interese mucho- adelantar las autonómicas no va a conseguir que se valencianice la campaña. Los contenidos van a ser en clave nacional y los candidatos a Cortes Generales van a ser los que lleven la batuta y eso no lo va a cambiar ni él ni nadie, y más todavía si tenemos en cuenta que los altavoces públicos que tiene el Consell para hacerse oir no llegan al 2% de la población. Y de los privados, cada uno a lo suyo. Vamos, que ni interés por el mensaje ni espacios para difundirlo.

Otra cosa es que consciente de esta situación, Puig prefiera fiar su suerte a la que tenga Sánchez. Lo que en argot ciclista sería que Puig iría a rebufo del gregario de Moncloa. ¿Confía lo suficiente en él para apostar tan fuerte? ¿Qué sucedería si Sánchez ganase y el de Morella perdiera? Más sensato parece ser no jugárselo todo a una carta. Si Sánchez gana, habrá un efecto positivo para las agrupaciones socialistas en general, y si pierde, los valencianos tendrán un mes más para revertir la situación y poder ganar aquí.

En el PSPV tienen claro que aquí no hay remontada del socialismo autonómico y que seguirían necesitando del Botànic. Ante la posible bajada de Podemos, ¿es aconsejable cabrerar a su socia Oltra? El silencio de esta en los últimos días es muestra evidente de lo tensa que está la relación. Pero ya se sabe, lo importante es la final de mayo ante el Barça.