PUERTAS GIRATORIAS

CARLOS PAJUELO

Estos días asistimos a acontecimientos que estarían en la línea medieval de «cosas veredes Mio Cid que faran fablar las piedras».

Dejo a mejores especialistas en politología, o mejor en entendimiento de lo prácticamente imposible de entender, esto de la investidura y el cruce de «piropos» inter-socios preferentes; menos mal que eran preferentes que si llegan a ser de tercera regional la cosa hubiera llegado a mayores.

Más crédito y gloria para la desunida derecha actual que se rompe el pecho hablando de España. Veremos

Rufián regala libros de su líder y usa el hemiciclo a modo de presentación y homenaje al político preso- declarado por él como su amado líder- y nos coloca unas reflexiones sobre las estrellas y sus hijos. Bien. Se identifica como miembro de 'la banda de Sánchez', según bautiza el Sr. Rivera a los socios y al propio presidente en funciones, y se va regalando dos ejemplares a los 'jefes de la banda', los Srs. Iglesias y Sánchez. Se despide entre aplausos de los diputados.

Yo he devenido en escribir esta columna para referirme a la licenciada en medicina, y no ejerciente como tal médica, Doña Carmen Montón, nacida en Burjasot y que fue, por unos días, ministra de Sanidad del Gobierno del hoy presidente en funciones y que se auto retiró al descubrirse algunas anomalías en su pretendido máster, certificado por la Universidad Rey Juan Carlos y en la línea de Cristina Cifuentes. Cosas veredes.

Llega a mis castos ojos la noticia de 'el fichaje' de nuestra exministra por un lobby de las empresas farmacéuticas más importantes. No entro en materia, porque el pasado jueves mi compañero Héctor Esteban daba cumplida cuenta del asunto, con pelos y señales en este diario.

Héteme aquí que la noticia de su 'fichaje', del que no se habla en materia económica, por un lobby de las empresas punteras farmacéuticas, me lleva a esencia del pensamiento de la Sra. Montón que, en aras de lo público, ponía en marcha el discurso y el hecho de la reversión de los hospitales privados lo público. Bien, pensé yo. Veremos si esa gestión es mejor y más eficiente en la prestación de servicios. Pero hay que comer. Lo entiendo.