No pueden más, los pobres

FERRAN BELDA

La carta en la que los cinco sindicatos presentes en À Punt reclaman a los futuros diputados un aumento de la dotación presupuestaria y un incremento de la plantilla del ente da la medida de las confianzas que son capaces de tomarse algunos empleados públicos en general y éstos en particular. Porque si «no eran grandes los quehaceres de los muchachos que tenían cómodo acogimiento» en la extinta RTVV. Se les podría aplicar la descripción de la burocracia que hace Galdós en 'Cánovas', uno de sus Episodios Nacionales: «Unos leían periódicos, otros tertuliaban entre el humo de los cigarrillos; iban y venían de una parte a otra pasándose de mano en mano papeles con trabajos vagamente iniciados». No es mayor el esfuerzo que se les exige a los 465 beneficiarios de esta mala copia de Canal 9 que es À Punt, habida cuenta que, salvo los informativos, toda la programación que emite es de producción ajena. Pero el 80% de esta gigantesca masa laboral procede de la muy viciada plantilla de la RTVV. Y aunque no han ganado la plaza por oposición y son un hatajo de correveidiles sin dolor de contrición, saben que no habrá dios que se la quite. De izquierdas, porque el tripartito está en deuda con ellos. Y de derechas, porque el PP es gato escaldado y Ciudadanos y Vox ya han dado muestras en Canal Sur del escaso afán liquidador que les anima. Con lo que los repescados no han hecho más que envalentonarse. Cobraron el despido de la RTVV y el desempleo antes de que les brindaran la oportunidad de asegundarse en sus acreditadísimas tachas. ¿Qué tenían que hacer estas criaturas ya puestas? Abusar sin la menor contemplación de quien no aguanta diez escraches, que son los que le vendrían a hacer a Ximo Puig por demorarse en reabrirles el comedero. Ni dos semanas de gracia llegaron a darle a quien les sacó del paro. La primera lista de reivindicaciones se la echaron en cara 13 días después de la inauguración. Reconocimiento de trienios (¡!), flexibilidad horaria, conciliación familiar, nocturnidad, cobro de los atrasos de Cuba y valoración de riesgos para la salud de cada uno de los desempeños; se supone que partiendo de la base de que el material que elaboran suele ser tóxico. La tira. Un desiderátum al que, apenas dos meses después, en septiembre, añadían el cobro de dietas con independencia de la distancia a cubrir en los desplazamientos. Y que la semana pasada, ¡dos meses antes de cumplir un año en antena!, completaron con la incorporación de la más delatora de las demandas. La solicitud de una renovación generacional mediante la incorporación de «nuevos perfiles profesionales». Una admisión en toda regla de que los compadres que Empar Marco colocó en À Punt en número 66 veces superior al de enchufados por Jorge Rodríguez y A. Brines en Divalterra no están para muchos trotes. Y se nota. Vaya si se nota.