YA NO SE PUEDE VIVIR NI DE ALQUILER

El precio de los arrendamientos se dispara mientras sigue el caos de los apartamentos y la lentitud para aprobar nuevas viviendas

Paco Moreno
PACO MORENOValencia

Empezamos el mes con una bofetada de realidad que nos da el Banco de España, al señalar que el precio de los alquileres de viviendas ha subido un 47% de media desde 2013, muy por encima de lo que ocurre con los pisos de nueva planta. Valencia no es una excepción a esta desgracia y desde hace tiempo se producen señales a diario que obligan a la Administración a tomar decisiones urgentes.

El Ayuntamiento tiene instrumentos suficientes para ayudar en la regulación del mercado inmobiliario. Este mandato, sin ir más lejos, la concejala de Renovación Urbana, Sandra Gómez, ha recordado que la empresa municipal Aumsa quiere invertir 50 millones de euros en 337 nuevas viviendas. Veremos dentro de cuatro años si esto es una realidad.

Pero mucho antes, los vecinos del centro histórico necesitan una solución para ellos y sus hijos. En los cinco barrios de Ciutat Vella se ha focalizado el fenómeno de los apartamentos turísticos y las asociaciones de vecinos no dejan de recordarlo. El Plan de Ciutat Vella, todavía sin la aprobación final, está naciendo entre críticas por este motivo. Es más, los dirigentes aseguran que el Consistorio está «cómodo» con la saturación, lo que no deja de ser una acusación muy grave para el gobierno bipartito.

Al final, el precio resulta de un proceso de oferta y demanda, como es lógico. Eso pasa en cualquier ciudad y el cap i casal no es una excepción. Fijar unos máximos es una idea que me incomoda por la complejidad del mercado, el tipo de viviendas y hasta de los barrios.

Es por lo tanto más sencillo, en mi opinión, trabajar el planeamiento facilitando la aprobación de los planes urbanísticos y, sobre todo, hacer frente al aumento de peticiones de licencias de edificios de nueva planta. O sea, que haya más oferta. El pasado mandato fue tremenda la cifra de solicitudes en comparación con lo que había pasado durante la última crisis.

Un vistazo a las últimas estadísticas señala que el precio en Valencia no deja de subir con una media de 1.410 euros el metro cuadrado de venta, por fortuna todavía lejos de lo que ocurre en otras grandes ciudades. Pero esas medias oficiales difícilmente suceden en la realidad y los jóvenes deben optar por marcharse al área metropolitana a buscar pisos más baratos.

Eso en el caso improbable de que opten por la propiedad, aunque si eligen un alquiler, entonces el caso será más grave por todo lo dicho. La asociación de vecinos Amics del Carme lo resume de este modo: «El Ayuntamiento está ahogando la vida de Ciutat Vella» con una «bendición a la terciarización del centro», mientras que en el resto de la ciudad los precios también suben.

La conclusión es que Valencia está en 795.000 habitantes cuando hace tiempo debía haber vuelto a superar la barrera de los 800.000 vecinos. Y que uno de los motivos de los atascos que se sufren en los accesos de la ciudad todos los días tiene su origen precisamente en esta expulsión ordenada y sistemática de los jóvenes que no tienen más remedio que marcharse al área metropolitana.

Ya no hablo de los comercios, donde ocurre lo mismo. La trituración de las tiendas tradicionales en favor de las franquicias es un hecho constatado en todo el centro de Valencia, perdiendo irónicamente buena parte del atractivo turístico que tiene esa parte de la ciudad. Hace poco tuve la oportunidad de conocer Ferrara y una de las cosas que me sorprendió de esa ciudad italiana fue que la plaza principal estaba repleta de pequeños comercios y con una presencia muy limitada de terrazas de bares. Ciclistas y peatones deambulaban sin obstáculos en un gran óvalo. Si se compara con lo que ocurre en la plaza de la Reina o la plaza de la Virgen, por ejemplo, la conclusión está muy clara y es que las franquicias y las cafeterías han ganado la partida en Valencia tanto en los locales como en el espacio público.

Una pena para un problema que ya no tiene solución y donde el siguiente paso es comprobar lo que ocurrirá con las viviendas, es decir, con los vecinos. Gómez apuntaba hace unos días el mayor control de los apartamentos después de una sentencia del Tribunal Supremo, aunque la cuestión debería ser cuántas promociones inmobiliarias ha acometido el Consistorio para enfriar la subida de precios. La respuesta sería que una o ninguna, tanto en esta parte de la ciudad como en el resto.

En Ruzafa hace ya tiempo que tienen el mismo problema y en el Cabanyal, donde empiezan a verle las orejas al lobo por el incremento de los precios de los arrendamientos, está por ver que el plan urbanístico llegue a tiempo para que las promociones municipales tengan un efecto beneficioso.