Prueba de fuego

El Montdúber y la Cova del Parpalló han sido testigos mudos de la tragedia de una semana de incendio forestal

Francisco Pérez Puche
FRANCISCO PÉREZ PUCHE

Hace quince mil años, los neandertales comenzaron a cazar ciervos, conejos, caballos y cabras en aquellos montes, los que ahora humean, desolados, tras el terrible incendio. El mar estaba cien metros más bajo y la costa se perfilaba a quince kilómetros de la actual. Los hielos llegaban hasta Burdeos y la temperatura media era doce grados más baja que la presente; de modo que, en los largos inviernos, los cazadores recolectores se refugiaban en una gran cueva, la del Parpalló, donde a lo largo de treinta siglos dejaron miles de plaquetas grabadas con la figura de sus animales totémicos.

Durante una semana aciaga, el Montdúber, y el santuario de prehistoria del Parpalló, han sido testigos mudos de momentos angustiosos, de unas escenas de dolor recurrente, repetidas a lo largo de la historia muchas veces. En los sesenta, cuando no existía la UME ni todo el espectacular aparato actual, este recluta fue enviado un par de días a Barx y La Drova, con una inútil pala en las manos, para asistir a un nuevo desafío del enemigo de siempre, del gran depredador del bosque valenciano. Miedo y desolación; paisaje negro donde estuvo el verde, monte sin aves y casas de campo convertidas en pavesas.

El Montdúber es testigo del progreso de la vida en nuestras tierras; la Cova del Parpalló, nuestro primer códice miniado, expresión admirada de los hombres por los animales que les daban calor, comida y herramientas. Allí empezó todo. Y allí está, kilómetros a la redonda, uno de los escenarios de nuestras ancestrales pruebas de fuego.

Prueba, en primer lugar, para los profesionales de la extinción de todas las instituciones, de la tierra y del aire. Prueba de tenacidad y de heroísmo, de coordinación y trabajo en equipo. Desafío del que han salido vencedores, pese a la desgracia general, porque han dejado clara una capacidad de renuncia que muchas veces no sabemos ver ni en la calle ni en la política.

Prueba, sin duda, para los medios informativos, que una vez más han desplegado todos sus medios sin mirar horas ni riesgos. Con un éxito en el que hemos de incluir a la nueva televisión valenciana, que -ahora sí- ha demostrado su utilidad sin paliativos ni reservas.

Y prueba también, contundente, para los políticos. Porque el fuego les ha mostrado una vez más, con reproche directo, que los incendios se trabajan en invierno y que nunca hay que bajar la guardia. Porque si es estúpido no administrar bien las instituciones al servicio del bosque, si es ridículo batallar sobre ellas en busca de un rendimiento político, aprovecharse de ellas es sencillamente malvado.

Prueba de fuego para todos. Desafío directo a los valores de hermandad y solidaridad, con los mejores resultados. Prueba para pueblos que han perdido uno de sus patrimonios más rentables y que ahora tienen que volver a comenzar, resignadamente, con valentía y orgullo, una gran labor de recuperación moral y material.

Nadie sabe por qué se abandonó la Cova del Parpalló después de miles de años. Quizá aquellas gentes, tras una prueba de fuego, decidieron volver a empezar...

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