Prosa en ruinas

JOSÉ MARÍA ROMERA

En un acto de justicia poética, ETA ha comunicado su disolución definitiva mediante una nota escrita a su medida: la de la mediocridad intelectual. Mejor así. Nada hay de grandeza en estas casposas líneas que parecen hilvanadas a base de retales de palabrería revolucionaria, tópicos del 'bullshit' propagandístico y brochazos de demagogia desfalleciente. Hasta las palabras le han dado la espalda a una banda dedicada ya en exclusividad a la desesperada tarea de lavar su imagen por medio de un relato que se da de bruces contra la evidencia de su fracaso. Únicamente la consideración hacia las víctimas impide que soltemos una carcajada tras otra al leer este manojo de necedades que donde pretende poner música solemne de despedida suena a toque de silbato desafinado y donde tratando de alzar el vuelo épico cae en una prosa de aire entre administrativo y de parvulario.

Escribir a estas alturas que ETA nació «cuando Euskal Herria agonizaba, ahogada por las garras del franquismo» es pedir a gritos el suspenso en el examen de redacción. Hablar de «construir un proceso como pueblo que tenga como ejes la acumulación de fuerzas, la activación popular y los acuerdos entre diferentes, tanto para abordar las consecuencias del conflicto, como para abordar su raíz política e histórica (sic en cada sintagma)» sin aguantar la respiración en todo el párrafo supone todo un desafío a la coherencia semántica y a la cohesión gramatical. No es que en los comunicados de otro tiempo nos vinieran servidos con un lenguaje modélico. Pero esta acumulación de materiales verbales de derribo es la mejor prueba de una agonía irreversible.

Lo tranquilizador del comunicado de ETA no reside en su contenido, sino en la manera desmoronada de expresarlo, en la trémula caligrafía de vejestorio, en el sinsentido de un discurso situado en el límite de la nada. Si algo inquieta entre tanto indicio de deterioro es el temor a que refleje un estado de ruina mental generalizado entre la cofradía, y que los restos de esta hayan perdido ya la capacidad de recordar lo único que nos interesa de esas andanzas suyas que aquí han descrito como «el trabajo realizado en distintos ámbitos y la lucha de diferentes generaciones»: los datos para esclarecer los 358 crímenes aún sin resolver.

Colaborar con la justicia sí sería «favorecer una nueva fase histórica» y demostrar que ETA «no tiene miedo alguno al escenario democrático», por recurrir al repertorio de frases afectadas que brinda su documento. Frente a él, varios miles de personas acaban de firmar otro más decente que exige la deslegitimación de la violencia, el desmantelamiento de la teoría del conflicto, el fin de los homenajes públicos a los terroristas y el respeto a todas las víctimas sin excepción. Y que lo hace, dicho sea de paso, en una prosa de mucha mejor calidad.