PROMESAS

JESÚS REINA

Cansado de las cosas que nunca cambian, por fin llegó la Pascua y el agua de abril, torrente de sensaciones y desconexión de rutinas. Harto de políticas y políticos, chuflas de presupuestos, de planes, rondas y trenes que nunca llegan, con todo esa indignación y hastío, tomé unos días de reposo con los que superar la fatiga y las vergüenzas de la hipocresía.

De pesca por tierras castellanas, busqué y encontré momentos de equilibrio entre corrientes y eclosiones de insectos, salmónidos que se rigen por reglas no escritas, una compleja naturaleza que intentamos leer, pero que sólo en ocasiones desciframos.

En mi relajación puse la tele, abrí un periódico, encontrando los mismos intereses con distintos colores, rojo, azul, naranja, verde y morado. España despoblada a la que pretenden conquistar sin hablar el lenguaje del campo, tradiciones y costumbres traicionadas constantemente, urbanitas de transición ecológica y otras lindezas para el engaño social.

La diferenciación ideológica busca nuevos frentes para mantener adeptos, encontrando en la ecología un filón, aunque después nada se cumpla, a no ser que la medida venga acompañada de un incremento fiscal para la caja general, incluso enmascarando lo segundo con lo primero.

Cada grupo se acoge a los conceptos que más les encajan de la Agenda 2030, descarbonización, sostenibilidad, mix energético, número de árboles por habitante, renovables, autosuficiencia, y un largo etcétera. Votemos, porque después las prioridades matarán al ruiseñor. El cuerpo a cuerpo resulta cansino, por lo que será mejor abstraerse de tanta mediocridad, seguir trabajando y defendiendo ilusiones propias y colectivas. Quizá algún día se transformen las promesas en acciones.

Como mi Dénia ya no tiene solución, en estas elecciones me limito a pedir que a nivel autonómico el Consell tenga a bien aprobar la dichosa ley de pesca que rescate los ríos valencianos de su olvido; a nivel nacional, me conformo con que no insistan en arruinarnos nuevamente. ¡Señor dame paciencia!