El problema se llama Sánchez

La mejor manera de salir de la parálisis y preparar el nuevo desafío catalán puede ser prescindir de él

CURRI VALENZUELA

Ha fracasado ya en las cuatro sesiones de investidura en las que se presentó como candidato a la presidencia de un Gobierno que solo alcanzó a través de una moción de censura; ningún político ajeno a su partido, incluso los que él considera como sus 'socios preferentes', se fía de él ni de su palabra Y lo mejor que se le ocurre para lograr, por fin, su objetivo en septiembre es tomarse unas largas vacaciones para seguir con interés desde Doñana cómo sus subalternos, coreados por los medios de comunicación afines, se dedican a vapulear a Pablo Casado y en especial a Albert Rivera para que le concedan un cheque en blanco cuando llegue el otoño así, por la cara, y sin asumir compromiso alguno.

Pedro Sánchez es lo que en la calle se denomina «un figura»: alguien prendado de sí mismo, capaz de salirse con la suya en cualquier situación, por embarazosa que resulte para él o los demás, a los que culpa si las cosas se le tuercen porque él, por Dios, cómo va a cometer un error. Así que si no salió elegido presidente la semana pasada fue porque Pablo Iglesias se empeñó en que le concediera lo que él nunca le quiso dar y porque PP y Ciudadanos están dirigidos por unos políticos irresponsables que no se dan cuenta de que España lleva cuatro años sumida en la parálisis política de la que hay que salir de una vez porque se acerca el momento de la sentencia de los secesionistas catalanes que va a poner en pie de guerra a sus seguidores.

Esto ultimo es tan cierto como lo de la parálisis política, pero habría que analizar el papel que el mismo Sánchez ha jugado en ambas situaciones. El, que dimitió de diputado para no abstenerse en la investidura de Mariano Rajoy, carece de legitimidad alguna para pedir al PP que se abstenga en la suya. Y él, que se apoyó en los independentistas para sacar adelante la moción de censura, que ha pactado con ERC ayuntamientos y diputaciones catalanas y ha coqueteado con ellos para que le apoyaran ahora, suena a falso cuando nos advierte del peligro de que sus socios se revuelvan contra el Estado de Derecho a causa de una sentencia del Tribunal Supremo.

La mejor manera de salir de la parálisis y prepararse para el nuevo desafío catalán puede que resulte ser la de prescindir de Pedro Sánchez. Ya se habla en los mentideros madrileños de lo buen candidato a la presidencia que sería José Borrell, que acaba de obtener siete millones y medio de votos y con quien PP y Ciudadanos se abstendrían; o de un posible Gobierno de Casado con Rivera, que suman los mismos 123 diputados que el PSOE. De momento no son más que habladurías. También el comienzo de una ola de opinión que reconoce que el problema de nuestros males políticos se llama Pedro Sánchez.