Los primeros marcianos serán moscas

Me escama no obstante que estos experimentos se estén poniendo en práctica en la cara oculta de la luna y no en la que todo el mundo puede ver

ESTEBAN GONZÁLEZ PONS

Los chinos acaban de anunciar que han plantado semillas de algodón en la luna y que una de ellas ha germinado. O sea que pronto nos presentarán en la tele un primer copo de algodón espacial. Incluso que, si me apuras, no falta mucho para que cualquiera pueda lucir un conjunto de camiseta de tirantes y calzoncillos blancos tejido con hilo extraterrestre. Supongo que esa ropa interior de origen selenita se llevará por encima mejor que por debajo de los pantalones para presumir, yo desde luego si llego a poseer unos gayumbos tan exóticos querré que se vean. El objetivo confesado por los chinos es que por fotosíntesis esas plantitas vayan empezando a expeler una atmósfera que cubra la piel de nuestro satélite y que lo haga habitable. Aunque me temo que la verdad sea menos noble; que al sembrar un vegetal productivo y no ornamental su propósito último tenga más que ver con la colonización y con la producción agrícola masiva que con la reforestación del universo.

También podría ocurrir que estuvieran preparando el terreno para deshacerse de unos cuantos millones de disidentes o voluntarios forzosos por la expeditiva vía de enviarlos a las estrellas. Que llegados a la conclusión de que, pese a la política del hijo único, ya no caben todos en la inmensa China, en particular los defensores de los derechos humanos, estuvieran dando los primeros pasos para fundar un segundo hormiguero en el cuerpo celeste vecino. Lo que Mao llamaría dar otro «gran salto adelante», que actualmente sería más bien un «salto hacia arriba». De hecho, antes de lanzarse a buscar solares y cortijos por el espacio, China ya estaba comprando casi países enteros en África y América del sur para expandirse. Nada que ver con este último viaje, claro, porque ¡mira que sobra espacio desperdiciado en la luna!

Lo más sorprendente de todo este experimento es que también han transportado larvas para que haya moscas en la luna. Aquí sí que no encuentro justificación posible. ¿Qué pretenden? ¿Que se las coman los que vivan allí? ¿Que a los astronautas se les plante un moscardón en el cristal del casco? ¿Poder vender palmetas matamoscas en los bazares que sin duda abrirán en la luna? ¿Y mosquitos, no echarán de menos también a los mosquitos? Una mosca es lo último que me llevaría yo a una isla desierta, tal vez únicamente antes que una cucaracha.

Me escama no obstante que estos experimentos se estén poniendo en práctica en la cara oculta de la luna y no en la que todo el mundo puede ver. ¿Será para que no nos enteremos de lo que realmente hacen o porque el anuncio del algodón lunar tiene algo de fantasía? Con lo que cuesta ir a la luna, me pregunto: ¿no sería mejor gastar ese dineral en que las plantas germinen en el desierto del Gobi que lo tienen más cerca o en curar el cáncer, por ejemplo? La raza humana definitivamente necesita un coach.