Lo primero es lo primero: la paga

FERRAN BELDA

El alcalde de Sevilla se ha equivocado. Podía haberse subido el jornal por la cara, como hicieron los de Ontinyent (un 20%); Málaga (20%), Castellón (¡50%!) o Huelva (14,5%). Pero quiso incrementárselo aclamándose a que Sevilla no puede ser menos que Valencia a este respecto. Y habrá que ver qué hace ahora que Ribó está maniobrando para mejorarse la ración. ¿Volvérsela a aumentar con la excusa de que «la tercera ciudad más importante del país» tiene «una población similar a la hispalense»? No lo descarten. Claro que igual era eso lo que buscaba. Ponerse a rebufo de un especialista en acelerones salariales, como es Ribó, para, en una primera acometida, alcanzar a los escapados, y a partir de ahí no volver a distanciarse de ellos: Madrid (106.000 euros), Barcelona, (100.000), Bilbao (91.318) y Valencia (84.667). Lo cual no está mal pensado. A poco que se pegue a rueda de Ribó cuando éste aseste uno de sus habituales demarrajes retributivos, descolgado no se va a quedar.

Porque Ribó no será un abnegado trabajador. Ni dejará para la posteridad un gran legado de esos que luego se desconchan o se desploman. A la marcha que va su hoja de servicios se reducirá a una ampliación desordenada e irreflexiva del carril bici, la apertura del balcón consistorial a los vecinos, la episódica transformación del ágora en una plaza de pueblo decimonónico y poco más. Pero hay que reconocer que recreciendo el capítulo I de los presupuestos municipales es único. Sólo en 2016, I Año Triunfal, contrató a 272 trabajadores. Y como para maquillar la deuda y sortear la Ley de Estabilidad no ha tenido más que renegociar los tipos y alargar los periodos de amortización gracias al precio que está el dinero no se ha privado de nada. El presupuesto de personal pasó de los 230 millones de 2015 a los 250 de 2017, un 31,72% del total del gasto estimado (786 millones), y, de aquí, a los 263,5 de 2018. De algún sitio tenían que salir los fondos que precisaba, según dijo, para combatir el absentismo mediante una fórmula propia de un probo funcionario como él: no descontando a los absentistas las remuneraciones a percibir entre el cuarto y el vigésimo día de baja. Una madre. El mandato lo ha empezado este año sandunguero. Como lo primero es lo primero, antes de decir Ave María Purísima enredó a María José Catalá, no así Fernando Giner (Ciudadanos), con una propuesta que maquillaba sus intenciones crematísticas: subir el sueldo a los concejales en la misma proporción que a los funcionarios. Una oferta que no era más que un anticipo de lo que vendría después. Una alcaldada consistente en privar a la mitad de los ediles de la oposición de la plena dedicación -la parcial se paga a ¡63.500 euros!- para así poder aumentar en tres el número de asesores (54), seis de los cuales irán destinados a la alcaldía, y retribuir mejor a los suyos, que tonto no es.