POSTUREOS AVENTURADOS

Queda bien que Baleares solo quiera coches eléctricos, lo que pasa es que los cables de recarga se enchufan a la península

Vicente Lladró
VICENTE LLADRÓValencia

El Gobierno autonómico de Baleares ha presentado el borrador del anteproyecto de Ley del Cambio Climático y Transición Energética que supone un enorme ejercicio de valentía, puesto que plantea objetivos que hoy parecen bastante aventurados.

Hasta qué punto se podrán cumplir o no las ambiciosas metas que pretende alcanzar el actual ejecutivo balear, o qué parte puede haber en ellas de postureo, atento a las modas ecologistas a ultranza, el tiempo lo dirá, pero hoy suena arriesgado aventurar que todas las necesidades energéticas de unas islas puedan cubrirse exclusivamente con fuentes renovables. Ojalá se llegue a cumplir. Por lo pronto, a este lado del Mediteráneo conviene que tomemos nota deprisa, por si se extendiera la tendencia política con igual rapidez; por si conviene ir preparándonos.

De aprobarse el anteproyecto de ley en los términos del borrador, en 2025 (faltan menos de siete años) no podrá entrar ningún vehículo terrestre a gasóleo en Baleares (quedarán los que ya estén y los barcos, mientras no haya mejores alternativas técnicas que aseguren la autonomía de navegación). En 2035 se prohibirán también los vehículos nuevos a gasolina. Y para 2050 se pretende que todos los automóviles, camiones, furgonetas y motos funcionen con motores eléctricos. Pero antes, desde 2020, las flotas de coches de alquiler tendrán que ir sustituyéndolos paulatinamente por eléctricos.

El objetivo es ideal: acabar con los tubos de escape contaminantes, y a eso no habrá quien se oponga, naturalmente. La presidenta balear, Francina Armengol, ha hablado del «placer enorme» de presentar esta iniciativa pionera en España, que «nos sitúa a la vanguardia de Europa». Y es cierto. Otra cosa será que realmente pueda alcanzarse.

Los coches eléctricos no polucionan el lugar por donde circulan, pero han de recargar sus baterías, lo que traslada a otros sitios las posibles emisiones contaminantes o problemáticas. La misma fabricación de las baterías no es inocua: su industria contamina, y la obtención de los minerales que las componen mantiene graves situaciones de explotación humana en países pobres, cuya realidad se suele silenciar y queda enmascarada por las 'altas' intenciones del bien supremo 'ecololó'. Lo primordial es cambiar el parque móvil; lo que hay detrás no se hace visible.

El 77% de la electricidad actual de Baleares depende de centrales térmicas; en alguna aún se quema carbón. El 23% llega a través del cableado submarino que conecta con la Península. Los usuarios pagan el kilovatio a los mismos precios que en el resto de España, aunque los costes casi se triplican. Sustituir todo el suministro por renovables (fotovoltaica y eólica principalmente) y aumentarlo hasta poder alimentar a todos los vehículos que circulan por las Islas parece hoy algo quimérico, pero ojalá. El objetivo queda muy aparente, aunque 2050 quede lejos.

 

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