Por no poner a Boira...

Pablo Salazar
PABLO SALAZARValencia

Cuando las conversaciones para Botànic Park II todavía no se han iniciado -más allá de contactos preliminares-, a la espera de ver qué pasa el domingo 26, cómo queda el Ayuntamiento de Valencia, la Diputación provincial y algunos otros consistorios con los que Compromís puede presionar a Puig para obtener una mayor parte de la tarta en el reparto de consellerias, lo único que ya está claro es que la consellera María José Salvador no va a seguir en un Consell más tripartito que nunca. Su traslado a la Mesa de Les Corts puede interpretarse como se quiera pero lo que nadie podrá seguir afirmando es que la dirigente socialista ha cuajado una actuación brillante al frente del departamento de Vivienda, Obras Públicas y Ordenación del Territorio, porque es evidente que si así fuera su jefe habría peleado por mantenerla en el cargo en lugar de pegarle una patada que más que hacia arriba es hacia un lado. Y todo porque en su momento, cuando se negoció Botànic Park I, hubo que hacer una auténtica filigrana para cuadrar paridad, ciertas cuotas territoriales (Valencia-Castellón-Alicante, más la cuarta provincia nacionalista), adscripción política y una mínima aptitud para el puesto, aunque tampoco mucha a la vista de los resultados cosechados pongamos por caso por el conseller en funciones de Economía Sostenible y bla-bla-bla, del que los empresarios lo único que quieren saber es a qué destino lo mandan para a ser posible perderlo de vista. El caso es que la Conselleria que finalmente recayó en María José Salvador tenía un candidato natural, un profesional de reconocido prestigio al que en todas las quinielas se daba como más que probable conseller, el catedrático de Geografía Josep Vicent Boira. Pero a Boira no le tocó el gordo sino la pedrea de la secretaría autonómica, hasta que el Gobierno pensó en él como comisionado del corredor mediterráneo, y ahí sigue. De lo que se deducen dos cosas. Primero, que tanta componenda paritaria-territorial-ideológica a la hora de formar un Gobierno es enemiga del talento. Y segundo, y si se me permite la obviedad, que Ximo Puig no es, o no era, Pedro Sánchez, que lo suyo hace cuatro años (ya veremos qué pasa hora) no tenía nada que ver con el Gobierno fashion del inquilino de la Moncloa, que de fichajes estrella y sociedad civil, lo justito. Y que ni siquiera es como su exjefe, Joan Lerma, a quien se le podrá echar en cara muchas cosas (aunque conforme pasa el tiempo su legado es cada vez más valorado), pero del que nadie podrá decir que no se rodeara de personas a las que el talento, la inteligencia y desde luego el currículum no se les supone sino que lo tenían más que acreditado (otra cosa es que luego lo demostraran en su gestión). Vamos, que se rodeó de Boiras (que no de nieblas), y no como Puig.