PONCE EN EL CORTIJO DEL CAMPO

PEDRO TOLEDANO

El Cortijo del Campo, en las estribaciones de la Sierra de Alcaraz, ha sido, es, y será, mientras perdure la apasionada entrega de Daniel Ruiz Yagüe por el toro bravo, ese lugar entrañable donde el toreo valenciano encuentra su mejor acomodo. Podría ser por la cercanía, está a un tiro de acelerador a poco más de doscientos kilómetros, pero no, es porque nada más cruzar la portera del cortijo, te recibe una familia ganadera que rezuma hospitalidad de la buena, y mucha pasión por todo lo relacionado con el mundo del toro.

Nosotros comenzamos ya a disfrutar de esa hospitalidad a comienzos de los años setenta, cuando imperaba en sus dehesas de El Carrizal y Gorgogí, la sangre de los coquillas. Y mucha culpa de ese ir y venir a la sierra de Alcaraz, la tuvo que Daniel se casara por aquellas calendas con Alicia, una guapa valenciana a la que supo atrapar con el mismo celo que le pone a la cría del toro de lidia, pero también a un grupo de amigos que acabaríamos siéndolo por afinidad.

Ahora, tanto tiempo después, todavía sentimos ese cosquilleo que siempre persigue a los aficionados, y Pepe Luis Benlloch, conocedor de esas debilidades, el pasado lunes me volvió a provocar: «¿Te vienes esta tarde a lo de Daniel? Enrique (Ponce), se va a probar...». Fue un viaje muy parecido a los de antaño, pero con relevo generacional. Pepe Luis se hizo acompañar por tres de sus jóvenes redactores en Aplausos, Jorge, José Ignacio y Juan, y quien escribe esta columna, le hizo debutar en semejante ambiente a su nieto Pablo. Buena semilla de aficionados.

Y hablando de semilla, hay que decir que Daniel, ahora muy arropado por sus hijos Dani y Alicia, echó un tentadero de lujo, de la mejor estirpe de bravo. La casta de los parlardés que lo enseñorean por las ferias de postin, en sus distintos matices, puso todo lo que Enrique Ponce necesitaba para pregonar a los cuatro vientos que vuelve a estar preparado para seguir escribiendo una de las páginas más densas y longevas de la tauromaquia de todos los tiempos. Amen.