De todo menos políticos

Lo de echar mano de gente de fuera les sirve de excusa para dejar en la cuneta a los que no se han distinguido por un apoyo sin fisuras hacia su liderazgo

CURRI VALENZUELA

Generales, periodistas, ejecutivos de multinacionales, famosos de la televisión, entrenadores deportivos... Cualquier cosa menos declarar la profesión de político en el currículum. Los dirigentes de los partidos buscan transmitir la imagen de que se renuevan y, conscientes del rechazo que provocan los profesionales, se han embarcado en una carrera por ver quien apunta en sus filas el fichaje más exótico.

Vox ya lleva tres generales en cabeza de sus listas; en el PP gustan los periodistas, como Cayetana Álvarez de Toledo y Pablo Montesinos, además de estrellas tan mediáticas como el padre de la pequeña Mariluz. Rivera dio su primera campanada cuando fichó al ex primer ministro francés Manuel Vals para asaltar la alcaldía de Barcelona y ahora llevará de dos por Madrid a Marcos de Quintos, que acaba de cesar como vicepresidente mundial de Coca-Cola. Aunque en honor de la verdad, el primer líder en apuntar tendencia fue Pedro Sánchez con su ocurrencia de hacer ministro de Cultura a Màxim Huerta, que le duró poco, a lo que ha seguido el empeño de encestar en la alcaldía de Madrid a Pepu Hernández.

No hay más que salir a la calle para llegar a la conclusión inmediata de que la estima que los ciudadanos de este país sienten por sus representantes políticos es nula o casi nula. Las encuestas lo confirman. «Los políticos», así, sin más, están considerados como el tercer problema de España, detrás del paro y de la sitúacion económica. A su vez, los partidos se perciben como la institución peor valorada, muy por detrás de los militares, los periodistas, los deportistas o los empresarios que se están disputando los dirigentes de las principales formaciones.

No hay que despreciar, sin embargo, la posibilidad de que Sánchez, Casado y Rivera estén buscando figuras mediáticas para sus listas electorales con el perverso fin de desembarazarse de sus rivales políticos. Los tres, en especial los lideres del PSOE y del PP, están utilizando la confección de las listas para apear de sus cargos a quienes ascendieron de la mano de Susana Díaz y de Mariano Rajoy, respectivamente. Lo de echar mano de gente de fuera les sirve de excusa para dejar en la cuneta a los que no se han distinguido por un apoyo sin fisuras hacia su liderazgo.

En muchos sectores tanto socialistas como populares está cundiendo un descontento bastante general por las renovaciones tan drásticas. En algunos casos con mucha razón porque, como señalaba uno de los purgados en estos días, la entrada de savia nueva a los partidos políticos debería también extenderse hasta sus mismos dirigentes. ¿O es que el vicepresidente mundial de Coca Cola no está más preparado que Albert Rivera para dirigir un Gobierno, va a haber diputados del PP mejores tertulianos que Pablo Casado o el entrenador de la selección nacional de baloncesto atina más en conseguir lo que se propone que el mismo Pedro Sánchez?