Política Netflix

En las últimas horas, nuestra 'plataforma' política ha estado de lo más adictiva

María José Pou
MARÍA JOSÉ POU

Se han contagiado. Era cuestión de tiempo que la vida política se impregnara de los modos de las plataformas audiovisuales tipo Netflix, HBO o Movistar. Si en su momento ya vimos cómo lo televisivo empezaba a condicionar la forma de hablar, los debates parlamentarios o las estrategias de los candidatos, ahora el modelo plataforma se ha instalado en el Congreso de los Diputados, moldeando la investidura de Pedro Sánchez. Nos han tenido en vilo, pegados a las pantallas, tragando un episodio detrás de otro y sin poder interrumpir ni levantarnos del sillón hasta que todo se aclarara.

Estábamos al final de la tercera temporada y no había nada resuelto. Los protagonistas estaban en lo más alto de la trama y cualquiera de ellos podía dar la campanada. Menos morir (Dios no lo quiera), cualquier cosa podía pasar. Lo de la muerte es un factor que solo contemplan las productoras cuando un actor se pone tonto y pide más dinero. En ese momento, la forma de liquidarlo por siempre jamás es 'matarlo' en el guion. En este caso, no se planteaba esa opción pero sí, como ocurriera cuando la defenestración de Sánchez por su propio partido, una salida de escena. Aquí lo vimos también, durante el inicio de esta temporada, con Pablo Iglesias. Son cosas que ocurren en las historias: los intervinientes tienen más o menos texto según interese su papel en el desarrollo. De pronto, sin embargo, ganan protagonismo y se vuelven el centro de la trama, imprescindibles para lo que vendrá después.

En las últimas horas, nuestra 'plataforma' política ha estado de lo más adictiva. Imposible no ceder a la tentación de coger un bol de palomitas y sentarse ante el ordenador para ver qué iban diciendo unos de otros; cómo se sucedían las ofertas de gobierno y las exigencias de los socios; cómo cambiaban de voto los diferentes aliados que estaban pendientes del «gran pacto de izquierdas» y cuáles eran los mensajes que se iban lanzando unos y otros a través de los medios de comunicación. Sin quererlo, Iván Redondo, el gurú de Sánchez, se ha convertido en la Shonda Rhimes española, una de las productoras Midas de la televisión norteamericana. Aquí también han estado desarrollando un guion que para sí quisieran los hacedores de 'House of Cards'. Como se descuiden, lo convierten en serie. Lo difícil es decidir si mantienen el tono de comedia del original o lo transforman en un drama épico. Por mi parte, preferiría que le dieran una vuelta los Javis y metieran a Paquita Salas entre Pedro y Pablo. Al más puro estilo Francisco Ibáñez, aprovechando la actualidad para cada uno de sus episodios de Mortadelo. Paquita sería capaz de enfadar hasta al «bueno» de Rufián que últimamente va de un conciliador que parece haber caído en una marmita de Lexatin. El desenlace nos deja mal sabor de boca, pero es la forma de lograr que la historia quede abierta para que puedan rodar la temporada siguiente. Continuará.