Política de fichajes

PEDRO CAMPOS

El fútbol arrasa con todo. Es capaz de contagiar cualquier causa y cualquier profesión. Una de las más maleables es la política. Tras pasar a mejor vida esos representantes públicos íntegros, preparados y con firmes convicciones, ahora ya vale todo. Lo último es la política de fichajes. Los ideólogos, los que fabricaban la doctrina de cada partido, han mutado en líderes de mercadotecnia. Expertos en golpes de efecto. Ocultan los mensajes y resaltan la pompa. Y nada mejor que decir que has incorporado a Marta Domínguez, campeona de Europa de atletismo, para que luego tengas que quitártela de encima como sea tras ser acusada de dopaje. O apostar por Ruth Beitia, doble medalla olímpica en salto de altura, para que en su primera comparecencia pública dé tal patinazo que tenga que renunciar. Pero los gurús se la juegan a ver si asaltan la banca. El salto a la arena política de independientes no es nuevo. Los últimos son Pepu Hernández y Pedro García Aguado. Lo más novedoso es el auge del trasvase de dirigentes entre los partidos. Estamos en una época donde el hiperliderazgo oculta las siglas. Nadie piensa en que el PSOE es socialista, obrero y español, sí se destaca la resistencia de Pedro Sánchez o que fue capaz de deprimir a la liderasa Susana Díaz. Justo en Andalucía tenemos a Juan Marín, líder de Ciudadanos que antes estuvo en AP, luego en el Partido Andalucista y después en Ciudadanos Independientes de Sanlúcar. El partido de Rivera también ha incorporado a los exsocialista Celestino Corbacho y Joan Mesquida. Personajes que abrazan sin complejos la cauda de la competencia. Como los futbolistas. «Yo juego donde más me pagan». Sin complejos. Lo próximo será la aparición de agentes de políticos, los famosos 'palitroques', o las cláusulas de rescisión. Es el momento de emigrar.