PODEMOS HACIA PLANKTON

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- BURGUERAValencia

Ocurre que los que somos papás acabamos viendo dibujos por encima de nuestras posibilidades. En mi caso, llevo cerca de ocho años con Bob Esponja pululando por el televisor, por el salón y hasta en formato globos. Estas cosas distorsionan la mirada. Ojalá leer ensayos políticos todo el día y al hablar de la batalla electoral pudiese citar a sesudos austriacos. Pero no, soy más de Fondo de Bikini, el lugar donde vive Bob y sus colegas. Entre ellos hay uno que cada día me recuerda más a Podemos. Algún día maduraré. O no. Dice Keith Richards que maduramos cuando vemos que la muerte la tenemos ya dándonos hora y lugar para la cita.

El caso es que Plankton es un copépodo, casi una bacteria pululando por el mar, pequeñajo, casi microscópico, pero que le gusta sentirse muy malvado y poderoso. Es el dueño de Cubo de Cebo, local que pretende hacer la competencia al de Bob Esponja, pero no lo logra. Nadie hace caso a su oferta gastronómica que, claro, con ese nombre, es difícil que resulte atractiva. El caso es que el amigo Plankton se pasa los capítulos tramando planes de gran complejidad que, a partes iguales, le conducirán al éxito y sumiran a los demás en la más pura de las miserias.

Plankton jura y perjura terribles amenazas apocalípticas, y rie malvadamente a carcajadas sintiendo el mundo en sus manos. Desgraciadamente para el mínimo personaje, los planes no le salen nunca bien. Suele acabar maltrecho. En realidad, acostumbra a terminar los capítulos muy zarandeado, pisoteado, sepultado, machacado, humillado o de cualquier otro desgraciado modo. Todo muy impío. Al pobre Plankton acaba por no hacerle nadie ni caso a pesar del griterío y de las amenazas que colecciona.

A Podemos se le está poniendo una cara y un cuerpo de Plankton que sólo les falta rebautizar su sede valenciana como Cubo de Cebo. Aceptaron de muy buen grado adelantar las elecciones a cambio de que el Consell atiendiese sus reivindicaciones, los temas que el anticipo electoral dejaba pendientes de aprobar y que eran iniciativas podemistas. Se les dijo que sí, claro, que sin problemas. Pero va a ser que no. Lo más 'planktoniano' fue el momento en que exigieron (del verbo 'exigir') una reunión de los socios del Botánico para organizar el tramo final de la legislatura. Y hasta amenazaron con que, de no producirse esa cita a tres, cualquier tema del Consell que tuviese pasar por Les Corts para su aprobación sufriría las consecuencias del ninguneo y de su ira copépoda. Esta pasada semana se celebró la Diputación Permanente de la Cámara. La revolucionaria posición de los podemistas, después de que ni PSPV ni Compromís haya atendido a su deseo de reunirse, fue la de abstenerse. Plankton acabó como siempre.