POCOS HIJOS

María José Pou
MARÍA JOSÉ POU

S omos mucha gente, producimos mucha comida y tiramos más aún. Lo acaba de denunciar la ONU, invitándonos a cambiar de dieta, pero los animalistas llevan décadas alertando del problema por lo que se refiere a producir masivamente animales para consumo, y en condiciones deplorables. Tanto es así que en los laboratorios ya se fabrica carne artificial. Hasta los duques de Sussex, el príncipe Enrique y Megan Markle, han decidido tener solo dos hijos por compromiso ambiental. Es muy respetable que cada familia decida cómo quiere gestionar su tiempo, sus recursos y su dedicación. Sin embargo, el argumento del cuidado del planeta en relación a tener hijos siempre me ha parecido un tanto extremista. Una puede decidir no tener descendencia porque no se ve como madre, porque no se quiere complicar la vida o porque no tiene vocación, ni fuerzas. A estas alturas ya no es aceptable que a una mujer se le haga de menos por escoger no ser madre, aunque aún se vincule ser mujer y la inevitable maternidad. Pero no querer traer hijos al mundo para no legarles un planeta deteriorado o por no perjudicar al medio ambiente incrementando sus habitantes resulta un tanto radical. Es cierto que si la población sigue creciendo, la adecuación entre recursos y personas puede ser compleja pero también que están mal repartidos y que quizás uno de esos seres que vienen al mundo puede ser quien invente soluciones, mejore la técnica, consiga que exploremos nuevos territorios y planetas o simplemente haga del mundo un entorno mejor. Así, es lógico que una pareja joven no quiera tener más de dos hijos pero es necesario potenciar la confianza en que ellos cuidarán mejor del medio ambiente que lo hemos hecho nosotros. Con tanta conciencia ambiental en casa, no les faltará formación para tener más sensibilidad.