LOS PLANES DE SÁNCHEZ

Ferriol MOYA
FERRIOL MOYAValencia

La manifestación del pasado domingo en Madrid, o más en concreto, la imagen conjunta de PP, Cs y Vox, terminó de convencer a Pedro Sánchez de la idoneidad de convocar elecciones generales. Es verdad que no sacar adelante los presupuestos convertía en una agonía tratar de resistir en la Moncloa hasta otoño. Pero vista la imagen de Casado, Rivera y Abascal juntos, y comprobado el empuje de la derecha populista en las andaluzas del 2 de diciembre, Sánchez se decidió a apretar el botón rojo que activa la campaña. No hace falta ser un fino analista para concluir que el discurso del PSOE girará en torno al miedo a la derecha y a la necesidad de detener el avance de Vox. Como argumento para activar a sus votantes puede ser suficiente. A diferencia de lo ocurrido con Rajoy, que procuró invisibilizar a los socialistas y ponerle todos los focos a Podemos, la estrategia 'aznarista' ha primado reforzar la movilización de la derecha echando mano del partido de Abascal. El resultado ha sido que la formación de Pablo Iglesias ha ido cediendo terreno y amenaza con un derrumbe total, y que si las encuestas no andan muy equivocadas, el batacazo del PP en las generales será histórico. De manera que, para Sánchez, el momento político puede ser perfecto para mover ficha, porque el PSOE querrá aparacer como la única opción real para frenar a Vox. Tras el 28 de abril, y con otra cita electoral en menos de un mes, las posibilidades de que se produzcan acuerdos entre los partidos resultan mínimas. Eso sí, la Mesa del Congreso tendrá que constituirse. Y esa mayoría puede comenzar a mostrar el camino. Habrá que ver qué estrategia adopta el partido de Rivera después de esos comicios y si es capaz de mantener acuerdos con el PP y con los de Abascal con las autonómicas y municipales a la vuelta de la esquina. Los socialistas trabajan ya con un escenario en el que volver a propiciar un acercamiento al partido naranja. Por ahora, Rivera asegura que no llegará a acuerdos con Sánchez. Pero la realidad es que las previsiones a poco más de un mes de elecciones son unas, y los análisis que se hagan después de celebrados los comicios quizá sean otros. En todo caso, habrá que ver si se logra alguna suma que alcance los 176 escaños del Congreso -la mayoría absoluta- o si, como muchos se temen, el adelanto electoral no resuelve nada y hay que llamar a las urnas dentro de pocos meses. El resultado del 28 de abril también condicionará las municipales y autonómicas. Por lo pronto, todos los planes B de los candidatos derrotados el 26 de mayo -la opción de presentarse a las generales- han saltado por los aires. Lo que parece seguro es que habrá efecto arrastre, y el que gane las generales llegará mejor situado a las autonómicas. Y el que salga derrotado cederá terreno.