PETRONILA Y SUS FIEBRES

Mª ÁNGELES ARAZO

No hay nada nuevo en esta vida. Así como tras largos años de silencio resulta que hay reyes que tienen hijos o hijas, y la nueva prole se acepta después de papeleo, comparaciones de rasgos físicos y resignaciones mil, ya en el siglo IV se rumoreó en Roma que San Pedro, el portero del cielo, el que poseía las llaves para ingresar en el mundo celestial de los buenos, buenísimos, era el padre de una joven rubia y distinguida llamada Petronila.

Había nacido en Galilea y los datos biográficos de Petronila se confundieron con los de los santos mártires Nereo y Aquiles y en las actas arqueológicas que se redactaron en el siglo VI se determinó que sí, que su padre era San Pedro, como constaba en las catacumbas próximas al cementerio de Domitila.

Lo que no quedó claro fue si se trataba de San Pedro el Pescador, el apóstol de las barbas blancas, o de otro, tan celoso de la virginidad de su hija, a la que adoraba tanto por sus virtudes, que la aisló para que no conociera a ningún joven, no fuera que pudiera enamorarse y decidiera unirse a él.

Cuando por alguna circunstancia la hija era descubierta por algún muchacho, el padre siempre hacía que sus mejillas se encendieran, sintiera flojedad en las piernas y estuviera próxima al desvanecimiento; síntoma claro de que su emoción se alteraba y el corazón -¡ay!- se agitaba más de la cuenta. Mas San Pedro declaraba que eran unas fiebres súbitas que se le presentaban desde la adolescencia y no había doctor que terminase con ellas, aunque le obligaran a pasar unos días en cama, bebiendo tisanas calientes con miel.

Petronila, santa pero no tonta, descubrió que a ella se le irían las fiebres con sentirse amada y acariciada por alguno de los que trastornaban su pulso y la firmeza de su mirada. Se armó de valor y se lo confesó al padre, a San Pedro, quien se negó rotundamente a que dialogase con ningún joven. Y Petronila, tan propensa al amor, juró que se dejaría morir, que no volvería a las tisanas, ni al pan, ni a los brebajes.

En efecto, se convirtió en una anoréxica (nombre que ni se conocía) y murió... virgen.

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