Un perro, un voto

BORJA RODRÍGUEZ

Hemos pasado de ver la situación de quién se queda con los niños en un caso de divorcio, a pelear por la custodia de la mascota de la pareja. Por circunstancias muy variadas y a veces delicadas, muchos deciden compartir su vida con un perro como animal de compañía y se convierte en uno más de la familia. Dicen que por aquello de la comodidad aunque haya que sacarlos tres veces al día para que hagan sus necesidades, sus cosas, sus cacas. Qué amor el de ese dueño que las recoge tal y como la ley ordena, sea cual sea su tamaño o forma. Del tipo Chihuahua al modelo superior del San Bernardo, me quedo admirado y reflexivo cuando observo la recogida de la deposición perruna: ¿no se habrá invertido el proceso evolutivo animal-hombre? (sic).

A sabiendas de este importante charco maloliente he de añadir que el can es objetivamente origen de grandes problemas ciudadanos. Generalmente por culpa de algunos dueños, no por los peludos. Me encanta disfrutar del antiguo cauce del río, de lo mejor que tenemos en Valencia, también para perros y dueños que pasean por sus verdes campas. No hace mucho le indiqué a una señora que no me parecía correcto que su perro estuviera lameteando el caño de la fuente del agua donde a continuación iba a beber yo. En qué mal momento se me ocurrió sugerirle que llevara un pequeño cazo. La señora con su falta de educación me vino a decir, mezclando tocino y velocidad, que su perro era más humano y que seguro que yo era de esos que maltratan a las mujeres. Es el dueño quien permite al perro orinar sobre el mismo césped en el que jugarán unos niños o se tumbarán unos jóvenes a tomar el sol.

Me quedé todo loco, como se dice ahora en la jerga de la chavalada, cuando leí una información de LAS PROVINCIAS del pasado domingo sobre el censo canino en la Comunitat Valenciana. Hay más animales de compañía que niños menores de 13 años tanto a nivel regional como en el municipio de Valencia. Son casi un millón de perros registrados en nuestra Comunitat, y casi 100.000 en la ciudad de Valencia. Los partidos políticos son sabedores de la sensibilidad animal de sus dueños y no pasan por alto la oportunidad de captación de votos. Hay que establecer políticas que protejan a los peludos, eduquen a los dueños que lo necesitan, pero que consigan una armonía entre dueños de los perros y resto de la población. Actualmente las diferentes propuestas pasan por bonificar a quien tenga o quiera perro, dejando por el momento las obligaciones que ello conlleva. No esta bien visto en campaña electoral recordar que hay que darlos de alta con su chip correspondiente o llevarlos con correa para que no se le tire uno al tobillo mientras hace deporte en el río. Y los perros, perros son. Tan importante es el voto de quien tiene mascota como el del que no.