EL PERRO GUARDIÁN

Ramón Palomar
RAMÓN PALOMAR

Pescando entre las brumas de los recuerdos visualizo aquella pizpireta arrancada de Los Picapiedra correteando hacia la cantera donde laboraban felices. Me desconcertaba el momento en el que introducían una tarjeta, de fina piedra, claro, entre las fauces de un bicho que la mordía. Estaban fichando en el curro, supe más tarde. Siendo una serie de coña prehistórica para niños no podíamos sospechar que, en nuestro futuro tecnológico, lo de fichar se impondría.

Fichar siempre fue cosa de yanquis imperialistas, capitalistas. Obligando a la masa proletaria a esa práctica de sumisión y obediencia se suponía que vigilaban los retrasos, los escaqueos, las picardías, los pitillos furtivos. Fichan y ya les tienen controlados. La máquina de fichar es el perro guardían de las ovejas. Sin embargo aquí esta costumbre que ahora despista, según el gobierno, pretende exterminar las horas extras que el empresario no le paga al empleado. En efecto, algún empresario desalmado pululará por ahí estafando a su tropa, resulta imposible erradicar los tipejos oportunistas, sin embargo, seamos sinceros, en bastantes empresas de tamaño breve esas horas extras se pactan entre caballeros y los curriquis cobran vía dinero negro, lo cual alegra a todos porque escamotear siquiera un poquito la lesiva dentellada de Hacienda reconforta a un buen número de esforzadas almas atrapadas en la maraña burocrática de los impuestos. Por lo tanto, con esto de fichar, ignoro si vence la cuota de santa protección hacia los explotados o el afán recaudatorio de los que mandan y necesitan engordar sus voraces arcas. En cualquier caso, a los autónomos de excelente salud, qué remedio, acostumbrados a vagabundear sobre el ingrato mercado laboral sin horarios fijos de los que estrangulan el espíritu, lo de fichar no nos concierne. Me alegro.