Perplejidad e inquietud

Los jueces reabren la causa contra guardias civiles que actuaron el 1-0 obedeciendo a un juez para hacer cumplir la ley

VICENTE LLADRÓ

Carlos Herrera le preguntó ayer, en su programa de la COPE, a Bernabé Barba, coordinador de la Asociación de Guardias Civiles en Cataluña, cómo se sentían tras el auto de la Audiencia de Barcelona que ha reabierto la causa por las cargas de los agentes en Sant Joan de Vilatorrada el 1-O. Y entre las palabras de Bartolomé Barba destacaron estas que resumen perfectamente la cuestión: «Sentimos perplejidad e inquietud».

Dicho auto judicial señala que la actuación policial «no fue proporcionada», puesto que iba destinada a impedir un referéndum que no tenía «consecuencias jurídicas», con lo que revoca una anterior decisión del juez de Manresa, que rechazó las diligencias. Los guardias civiles recuerdan que aquel día actuaron, al igual que la Policía, en cumplimiento de una orden judicial. Por tanto es muy comprensible que se sienta inquietud y perplejidad si se actúa obedeciendo lo que toca y luego se cuestiona si pudo haber algún golpe de más, mientras se esfumaron tantas denuncias de lesiones que se comprobaron falsas o exageradas. ¿Qué se supone que tendrá que hacer un agente en el futuro para evitar riesgos de este tipo?

Recordemos que aquel día, como en los previos, se repitió con insistencia desde el Gobierno que el pretendido referéndum era ilegal y que el Estado tenía mecanismos para hacer cumplirla ley. ¿Con qué mecanismos cuenta el Estado para ello, sino el uso de la fuerza pública contra quienes se empeñen en incumplir?

Mayor perplejidad e inquietud. ¿Se acuerdan de determinadas escenas de aquel día? Algunas han sido explicadas después. Había estrategias e instrucciones para dejar a guardias y policías en evidencia, y estos fueron enviados a los colegios electorales con improvisación. En muchos sitios entraron; los electores, debidamente aleccionados, salieron y protagonizaron sentadas ante las puertas. Los agentes quedaron atrapados y cayeron en la celada: tuvieron que abrirse paso para poder salir en medio de un galimatías de forcejeos y griterío de los que era fácil derivar la mala imagen que quedó y que se sigue explotando hoy.

No es el único caso que contribuye a sembrar hoy inquietud y perplejidad. En Zaragoza, el Ayuntamiento apoya un acto que se celebrará contra «40 años de fascismo» en el que participará Carmen López Anguita, condenada a 280 años de cárcel como autora material del atentado del Grapo en la cafetería California, donde murieron nueve personas. La conferenciante se presenta como «expresa política antifascista». También participa el rapero Pablo Hasel, condenado por enaltecimiento del terrorismo, por lo que se presenta como «represaliado político».

Los ciudadanos asisten en silencio, perplejos e inquietos, a sorprendentes espectáculos políticos, en los que además se ve bien sonarse los mocos con una bandera española, cuando lo normal y educado es que se rechace hacer tal cosa con cualquier bandera.

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