Perfección

Hay varias formas de trascender a la muerte, y una de ellas es creando la perfección

VICENTE GARRIDO

El 7 de marzo se cumplieron 20 años de la muerte del director de cine Stanley Kubrick, autor de un buen puñado de obras maestras: '2001, una odisea del espacio'; 'Lolita'; 'El resplandor' y 'Senderos de gloria', entre otras. En el entierro, su tercera mujer citó uno de los ingeniosos aforismos de Oscar Wilde para ilustrar la perspectiva de su marido ante la muerte, su trabajo y el paso del tiempo: «La tragedia de la vejez no es que uno sea viejo, sino que sigue siendo joven». Kubrick vivió la mayor parte de su vida profesional en su mansión de Inglaterra, hipocondríaco, seguro en sus muros del trato de la gente, pero acogido tras las personas que le amaban.

Poco amigo de dar entrevistas y de la vida social, todos los biógrafos coinciden en calificarlo como un artista que buscó mediante un control férreo de todas las fases de producción el perfeccionismo en sus obras. Podía repetir una toma 100 veces sin piedad para los actores. Solo trece películas en cuarenta años dan fe de ello. Y una anécdota lo dice todo: enterado de que en una sala de Nueva York la pintura de las paredes distorsionaba la visión nítida de una de sus películas, exigió al distribuidor que pintara el cine de nuevo si quería que su película se pudiera programar en él.

Ese mismo día veo en la televisión el Óscar de este año al mejor documental: 'Free Solo', y me quedo helado de ver cómo el escalador Alex Honnold sube con la sola ayuda de sus pies y manos los 900 metros de la pared vertical del Capitán, la espectacular montaña de granito del parque Yosemite. A pesar de que sabemos de antemano que logra la hazaña, ver la altura de vértigo que va cobrando este hombre mientras se apoya en pequeñas oquedades de la pared o se incrusta en las grietas te encoge el estómago. Alex no siente apenas miedo; ayudado por una biología peculiar (síndrome de Asperger, según relata su madre), observa la muerte como una idea abstracta en la que no piensa mientras trepa a los cielos imponentes del Capitán.

Pensé en Kubrick y su temor ante la muerte, en su miedo a que la enfermedad y la vejez le impidieran seguir buscando la perfección que tan apasionadamente buscó. Refugiado en su mansión, es su arte el que le conecta con la trascendencia mediante la disección del alma humana. Por su parte, Alex no pierde mucho tiempo pensando: en la soledad de estar colgado a casi un kilómetro del suelo en el valle majestuoso del Yosemite se funde con la propia naturaleza en la búsqueda de su victoria sobre un abismo que a todos se nos antoja imposible. Kubrick murió joven (70 años); Alex puede morir en la próxima aventura. Los dos, a su modo, nos muestran que hay varias formas de trascender a la muerte, y una de ellas es creando la perfección; cada uno con las cartas y las circunstancias con que les obsequió la vida. La pasión y el trabajo lo pusieron ellos.