Pequeños Mussolinis

JOSÉ M. DE AREILZA

Los planes para relanzar la integración europea se posponen una vez más, en esta ocasión por la cercanía de los comicios a la Cámara de Estrasburgo, en mayo de 2019. Se teme que esta votación sea un combate muy duro entre moderados europeístas y radicales euroescépticos, encabezados en distintos Estados miembros por un tipo de dirigentes que el comisario francés Pierre Moscovici, responsable de la cartera de Economía, ha denominado 'pequeños Mussolinis'. El resultado de estas elecciones paneuropeas podría ser una cámara muy dividida y desarticulada para colegislar en el futuro con las otras instituciones comunitarias. Este escenario peligroso tal vez debería llevar a acelerar y aprobar en este curso europeo reformas políticas y económicas para fortalecer la Unión. Pero las iniciativas más evidentes como completar el gobierno del euro o dar más pasos hacia una política común de inmigración y asilo no solo tienen ventajas. También presuponen costes y roces entre los ganadores y perdedores de cada debate, que requieren una cierta serenidad y una mirada a largo plazo. Así que la parálisis y la cautela parece que se imponen hasta el otoño de 2019.

Angela Merkel ha vuelto a ser una política hipercautelosa y a Emmanuel Macron le crecen los problemas en Francia y nadie piensa que pueda desbloquear e impulsar los temas pendientes europeos. Mejor no movilizar a los movimientos políticos de extrema derecha, en ascenso en casi todos los Estados miembros, como hemos visto esta semana con los resultados electorales de Suecia o en Hungría, reprobada por poner en peligro principios democráticos europeos. El caso más emblemático de retroceso europeísta es Italia, gobernada por una coalición populista, en la que los extremos han llegado al poder unidos por el sentimiento anti-Bruselas. Los dirigentes de la Liga contestan a Pierre Moscovici culpando a Francia de haber destruido el régimen del dictador Gadafi y desatado el caos y la anarquía en Libia, de donde huyen a diario miles de personas en dirección al sur de Europa. Matteo Salvini y los suyos han elegido los temas migratorios como el área en la que mostrar su visión más crítica hacia la UE.

En temas económicos y financieros, el endeudamiento de país es tan abultado que evitan pronunciarse en contra del euro, aunque piensan que es una moneda sin gobierno que oprime a un gobierno sin moneda, en frase redonda de uno de sus palmeros. Los de la Liga dejan la tarea de erosionar las reglas del juego de la moneda común a su socio de gobierno, el movimiento Cinco Estrellas, más rotundo en su exigencia de abrir el grifo del gasto público sin importarle las consecuencias. Es una Europa en la que todavía casi todas las mayorías sociales las conforman sensibilidades moderadas, pero que no tiene la valentía de dar la batalla por sus valores y la idea de civilización que explica su mejor devenir.

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