Pensemos en fútbol, nos irá mejor

FERNANDO GÓMEZ

Como cualquier afamado meteorólogo diría, de marejada a fuerte marejada, esa es la situación del Valencia en estos momentos. Ahora bien, sólo los resultados podrán ser los que devuelvan las cosas a su cauce, un cauce relativamente soportable, o empeore más las relaciones entre los protagonistas. Por el bien del club, esperemos que suceda lo primero. Anoche en Vigo el Valencia perdió, que no sea origen de nada traumático, por favor.

Y Marcelino optó de entrada por una alineación casi absolutamente lógica. Las bajas de Soler y Coquelin, cubiertas por Parejo y Piccini, aunque también podría haber entrado desde el principio Ferran Torres. Lo más llamativo, la ausencia de Rodrigo. Maxi entró por el hispano brasileño precisamente en el feudo de su anterior equipo, el Celta. Ahí el técnico asturiano tuvo algo de fortuna, no le gusta dejar jugadores descontentos, pero al no tener que escoger, la incorporación de Piccini al lateral, y el de Coslada en medio campo evitaba tener que decidir por uno de los dos franceses en el medio junto a Dani, y saber si Soler repetiría o no en banda derecha. Tan solo dejar a Rodrigo en el banquillo supuso una sorpresa, pero nadie mejor que el entrenador conoce a sus futbolistas y el momento en el que cada uno de ellos se encuentra, el verdadero motivo por el que no lo alineó en el once inicial.

Y el partido no transcurrió demasiado bien. El Valencia pudo empatar, sí, pero no nos podemos quedar en eso. Pudo empatar porque antes el Celta no aprovechó alguna de las claras oportunidades de las que gozó, errando las primeras y convirtiendo a Cillesen en el jugador más destacado del equipo valencianista en las últimas. Los vigueses fueron superiores, tuvieron la pelota con sentido, sus dos mediocentros fueron protagonistas totales del choque, y al principio no, pero cuando lograron enlazar con los dos de arriba, acabaron por mostrar y plasmar esa superioridad sobre el terreno de juego. Los nuestros lo intentaron, y con lo corta que era la ventaja, cualquier cosa podía pasar. Pero ellos estuvieron bien, jugando con personalidad, precisos en controles y pases, creativos en sus posesiones y peligrosos en sus ataques. Al Valencia le cuesta mucho jugar contra este tipo de equipos, y mucho más si se adelantan en el marcador.

Presionar arriba, en despliegue no es lo que mejor hace el equipo. Y los rivales acaban imponiéndose, como finalmente hizo el Celta. Tuvimos nuestro momento. Los cambios en la segunda mitad dieron otro aire ofensivo al grupo, e incluso futbolistas que ya estaban sobre el campo se sintieron mejor acompañados, creyendo en la posibilidad de éxito, pero los locales no desesperaron y terminaron llevándose el premio de la victoria.

Queda mucha Liga, y todo es recuperable, son situaciones parecidas a la primera vuelta de la temporada anterior, y no debemos acudir al argumento fácil de culpar al ambiente de los malos resultados. Son cuestiones meramente futbolísticas, mejorables por parte de técnico y jugadores. Pensemos en fútbol, nos irá mejor.