Pedro y el lobo

Los separatistas no se apartarán ni un milímetro de su plan de aliento delincuente porque saben de la enorme debilidad de Sánchez

CÉSAR GAVELA

La teoría es conocida y parece sólida. La de que Rajoy no hizo política con el asunto del golpismo catalán, dejándolo en manos de los jueces. Un pasotismo inadmisible, una falta de diálogo clamorosa, etc. Sin duda, Rajoy tuvo parte de responsabilidad en ese desafuero. Y parece claro que la aplicación del artículo 155 de la Constitución fue tardía, chapucera y pacata.

Ahora es Pedro Sánchez el que está al frente del ejecutivo. En cuanto asumió el poder comenzó a desplegar sus estrategias de diálogo. Que no es tal, sino una concesión constante, en todos los frentes. Económico, penitenciario, etc. Pero con el límite de la Constitución. Porque aunque Pedro quisiera autorizar un referéndum, no podría llevarlo a cabo. Quitando eso, hará todo lo demás, algunas veces cayendo en la imprudencia, y convencido de que sus sonrisas, sus miradas hacia otro lado, y sus urgencias van a servir de algo. Parece, sin embargo, que todos esos empeños resultarán baldíos aunque, eso sí, beneficiarán las expectativas electorales del PSOE, lo que es un botín muy relevante.

En lo sustancial y dramático del envite secesionista, todos sus gestos y ofrecimientos no servirán de nada, y eso cada día queda más evidente. Los separatistas no se apartarán ni un milímetro de su plan de aliento delincuente porque saben de la enorme debilidad de Sánchez, que es presidente con los votos de los ex etarras y de quienes han perpetrado un golpe de estado propio del siglo XIX en Cataluña. Y para refrescar la frágil memoria de Pedro, hace apenas un par de días que Quim Torra lanzó una andanada propia de un dirigente anterior a la Revolución Francesa encargando al bienintencionado vecino de la Moncloa la tarea de lograr que los jueces no condenen a la cárcel por largos años, como todo apunta, a los líderes de la rebelión del pasado año. Rebelión, sedición o lo que finalmente determinen los tribunales. Dará un poco lo mismo porque el horizonte carcelario es inexorable. Es el precio por envenenar la convivencia y por saltarse atrozmente la Constitución.

Pedro cree que va a lograr algo, debido a su admirable contumacia. Prefiere ignorar que la estólida mentalidad del secesionista -por muchas carantoñas que derroche, por mucha modernidad cursi que desarrolle- no cederá nunca. Solo la ley y la justicia pueden frenar sus desmanes pasados y futuros. Los que creían que el diálogo era camino alternativo están viendo que no hay margen. Solo para cosas nimias y vicarias. Eso sí, y ahí Pedro acierta: muchos votantes socialistas de Cataluña volverán al PSC, al comprobar que la vía del diálogo, tan mitificada, no sirve de nada. Ese será, sin duda, un gran servicio que Pedro puede ofrecer a la nación constitucional: desactivar a parte de la ciudadanía que apoyó el salvajismo parlamentario catalán del pasado septiembre. Algo es algo, ojalá que bastante.

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