PEDO O LÁGRIMAS

Mikel Labastida
MIKEL LABASTIDAValencia

Pedo o lágrimas. He ahí la cuestión. La puso sobre la mesa Yolanda Ramos en el último 'Masterchef Celebrity'. «Prefiero tirarme un pedo antes que llorar», aseguró la participante ante la posibilidad de emocionarse frente a las cámaras si era expulsada del concurso. Difícil disyuntiva. «Las dos son cosas que no se pueden evitar», concluyó. «El pedo es un arte que se está olvidando», decía Cela. Reconozco que en ocasiones me cuesta distinguir a Ramos de su personaje de Noemí Argüelles en 'Paquita Salas' y cuando la veo en las cocinas de TVE espero todo el rato a que en cualquier momento se ponga a vender Divacel entre sus compañeros. Esto, sin ninguna duda, le supondría alguna amonestación entre los miembros del jurado que esta temporada han regresado especialmente severos, con más acierto en unas ocasiones que en otras con sus sentencias.

Por ejemplo, Jordi se enfadó mucho esta semana con Vicky Martín Berrocal y Marta Torné por la falta de higiene en sus fogones y les colocó directamente el delantal negro, que las conduce a la prueba de eliminación. Con Torné fue duro también Pepe, quien llamó la atención sobre su actitud y le advirtió que se equivoca si «piensa que una cara mona dura más en el programa». Supongo que la actriz en ese momento -ante semejante comentario machista- dudó entre tirarse un pedo o llorar. Desde casa solo percibimos sus ojos vidriosos. No sabemos si en el plató se enfrentaron a alguna reacción más. Los nervios son muy traicioneros.

Las que si lloraron fueron Ana Milán, Elena Furiase y Almudena Cid, cada una por un motivo diferente. Comieron perdices pero no fueron felices. Hubo tiempo para eso y para mucho más. De hecho, hubo demasiado tiempo. Ese continúa siendo el principal problema del espacio estrella de TVE, que se hace interminable. A la una de la madrugada seguían los dramas y conflictos y no se había comunicado el nombre del expulsado. Y eso que esta semana la emisión se inició a una hora más temprana, pero ni por esas. Así es imposible mantener la atención. Menos mal que de vez en cuando Ramos suelta una perla -sí, he dicho perla- para despertarnos.