Pedid y se os dará

La legislatura ha comenzado con discursos duros y demandas exigentes, sobre todo de financiación pendiente

Francisco Pérez Puche
FRANCISCO PÉREZ PUCHE

La solución al problema valenciano de la financiación es irrenunciable, inaplazable e imprescindible». Así, con esa potencia en los motores, con esa determinación, ha comenzado la nueva legislatura el presidente Ximo Puig, que el domingo presentó de nuevo a Pedro Sánchez, casi rescata del olvido, la viejísima reivindicación valenciana. Al mismo tiempo, el presidente ofrecía a la Moncloa «nuestro» modelo, el pacto a la valenciana; un formato de transacción basado en el trato gallardo y honrado de los labradores, algo así como «la palabra de la tierra», construido desde el prisma de que, en los tiempos que corren, el que pacta, como el que avisa, no es traidor, sino en todo caso un avispado gestor de situaciones prácticas.

Unas horas antes, en el Ayuntamiento de Valencia, el alcalde Joan Ribó, tras recibir y devolver al armario la vara de mando, pronunció también un discurso brioso y valiente, sin duda necesario, en el que calificó como «irrenunciable» la consecución de la Carta de Capitalidad. Es una aspiración también antigua -de más de medio siglo- con la que Valencia quiere lograr del Estado el mismo trato financiero que concede a Barcelona y Madrid, mientras la Generalitat otorga a la ciudad los privilegios de inversión, transporte y financiación que debe tener como capital regional.

La legislatura, que va a ser «bronca y copera», no hay duda de que ha arrancado exigente y recia, valiente... Si Isabel Bonig le dijo al presidente Puig que no le piensa dar «ni un minuto de tregua», Toni Cantó tuvo que venirse aún más arriba en la soflama. De ahí que María José Catalá anunciara a su alcalde que le tiene preparada una oposición «implacable y dura», para empequeñecer a Fernando Giner, que apenas habló de una oposición «firme y responsable», un modelo clásico, de los de toda la vida, que no ahoga ni angustia nada. Menos mal que el portavoz de Vox anunció que va a estar detrás de Ribó «pisándole los talones», cosa realmente inquietante.

Pedid, pedid y se os dará. Con citas de Borges y Churchill, de Voltaire y Baudrillard, de Fuster y Miguel Hernández, el presidente Puig, en sus últimos discursos, ha alcanzado una fortaleza nueva, un baluarte, desde el que ha lanzado a la Moncloa su específico reto. La financiación valenciana es un asunto que no se aguanta más. También Ribó, con menos citas, ha extendido su alfombra mágica, la urgente necesidad de Valencia de recibir más y mejores recursos. María José Catalá, mientras tanto, los reunía a los tres -Ayuntamiento, Generalitat y Estado- y les lanzaba el recuerdo de que deben hacer posible cuanto antes el proyectado y prometido perdón de la deuda de la Marina.

Valencia, la Cenicienta, espera, sigue esperando soluciones. Se siente con ganas de trabajar, de seguir construyéndose un futuro mejor. Valencia es tan buena, tan bizcochable, que incluso se siente capaz de creer a los que exigen, prometen y aseguran hasta darles la confianza de un nuevo cuatrienio.