Peajes 'simbólicos'

Las compañías miran por sus negocios, pero no se puede cobrar sin vías alternativas libres

Vicente Lladró
VICENTE LLADRÓValencia

Tiene gracia que en vísperas de que dejen de cobrarnos peajes en la autopista AP-7 (el próximo 1 de enero), tras casi medio siglo y sucesivas prórrogas de la concesión, suelten de nuevo a rodar la idea de imponernos nuevas tasas, cánones, o como quiera que les llamen, por utilizar las autovías que hasta ahora son gratis.

«Serían peajes simbólicos», afirman de inmediato políticos y empresarios que predican a favor del hipotético instrumento recaudador. Los empresarios son los de compañías constructoras y contratistas que procuran mirar por el futuro de sus actividades y negocios, que consisten en construir y reparar infraestructuras diversas. De modo que dependen en gran medida de los impulsos inversores oficiales, y cuando estos van lastrados, renuentes o escasos, porque siempre faltan céntimos para el euro, lo primero que se les ocurre es proponer que se pidan a la ciudadanía esos céntimos que faltan. Y a partir de ahí los políticos sacan a relucir los consabidos argumentos: es para asegurar el buen mantenimiento, se tiene que pagar por lo que se usa... serían unos pagos «simbólicos».

Usted déjese de simbologías, que a todo hijo de vecino le faltan también unos cuantos céntimos para redondear el euro. Además, que se cede en lo que parece simbólico y ¡zas!, ya hemos caído, y a la vuelta de un tiempo lo que parecía casi nada llega bien crecido.

Dice don Artemi Rallo, que es senador del PSPV-PSOE por la provincia de Castellón, que «el debate sobre el futuro mantenimiento de las autovías nada tiene que ver con la AP-7, que será de uso gratuito y sin peajes», y que «mezclar ambos debates solo pretende confundir a los ciudadanos». Vale, ya sabemos que el ejercicio de la política es tarea muy sufrida, pero no hay mezcla de debates, como quiere suponer, porque al mismo tiempo garantiza el señor Rallo que la AP-7 será definitivamente gratuita el próximo 1 de enero (por cierto, no gracias a su partido ni a nadie, simplemente porque vence la concesión). Así que no hay debate con la AP-7, si acaso con lo otro, lo de las autovías, que tampoco es debate nuevo. Viene de tan lejos que casi huele a rancio. Fue en tiempos de Josep Borrell como ministro de Obras Públicas (1991-96) cuando se lanzó tal idea, y entonces las autovías ¡eran nuevas!, algunas todavía por estrenar, no como ahora, que nos las quieren vender cuando están viejas, desportilladas y saturadas.

Es decir, que pretenderían cobrarnos 'simbólicamente' en vías domésticas y cotidianas justo cuando dejarían libre la AP-7. Venga, hombre, como si nos dijeran que por un bocadillo sólo nos cobran el pan, el jamón es gratis.

Y por encima de todo, incluidas las buenas intenciones de las contratistas por buscar nuestro bien, no se puede cobrar a quien vaya por una autovía cuando no existe trayecto alternativo libre. Para ir a Madrid, por ejemplo, solo está la A-3, que en gran parte no es más que la vieja carretera desdoblada. Y a ver qué otras opciones hay para la V-30 o el 'by pass'.