Sin peajes y con diez huevos duros

FERRAN BELDA

Zaplana debe estar siguiendo la noticia con interés. Los que iban a revertir el hospital de Dénia y todo lo revertible esperarán pacientemente a que el 31 de diciembre de 2019 expire la última prórroga de la concesión adjudicada a Aumar para retirar los peajes de la AP-7. Una concesión que distaría mucho de estar a punto de concluir si el ahora vecino de Picassent hubiera podido alargarla hasta 2046, como era su intención. Serafín Castellano explicó con total claridad las características del acuerdo al que había llegado con la adjudicataria. Aumar aceptaba una rebaja global del 50% en los peajes si se le renovaba el contrato hasta cumplir 75 años. El problema es que la Ley de Autopistas establecía que las concesiones no podían superar los 50. Y le pasó como con el intento de venta Canal 9, parejo a la creación de Punt 2: que se quedó con las ganas de cerrar el trato que ya tenía apalabrado.

El que también podría quedarse con las ganas de salirse con la suya y, encima, indisponerse un poco más, si cabe, con el ahora ministro de Fomento José L. Ábalos es Ximo Puig. Y es que hay que estar muy obecado con no dejarse pisar la guitarra para, a las pocas horas de recibir un regalo electoral tan espléndido como éste, pedir también dos huevos duros, como Harpo Marx en el famoso camarote de 'Una noche en la ópera'. Pero con una guarnición de ± 220 millones de euros de hoy: que la gratuidad de la AP-7 lleve aparejada la construcción de diez nuevos enlaces. No porque sean estrictamente necesarios, porque no lo son. Sirva de prueba que la Cámara de Contratistas de la Comunidad Valenciana, que vive de eso, se conformaría con que se construyeran seis. Sino porque Carles Mulet (Compromís) está pidiendo 50, casi tantos como paradas tiene un autobús de la EMT. Y no van a ser él menos. ¿Será por dinero? Pues igual sí. No lo descarten. 10.340 millones de euros es la cantidad que se calcula que va a dejar de ingresar el Estado a largo plazo por liberalizar la circulación por las autopistas de peaje cuya concesión expira en los próximos años. Agreguen a ello que los costes anuales de mantenimiento que deberá asumir no serán pequeños; sólo Aumar gasta 15,7 millones al año en conservar los 367 kilómetros que posee en la CV. Y comprenderán que va a ser muy difícil que, además de retirar las barreras que limitan el acceso a «la calle mayor» de la CV (Ernest Lluch dixit), Fomento pueda atender la totalidad de la comanda que le ha hecho el Consell. Aparte de que una autopista es por definición una vía rápida. Si la llenan de conexiones perderá su razón de ser y se convertirá en una carretera interurbana igual de saturada que las demás. Que a lo mejor es lo que pretende Compromís. «Pacificarla» a lo bruto. 50 enlaces por aquí, un estrangulamiento por allá (la V-21) y asunto resuelto.

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