800 pavos más

BORJA RODRÍGUEZ

Como no es suficiente una plantilla que ronda los 600 trabajadores, más las productoras externas que se encargan de los contenidos, más un coste que ronda los 55 millones de euros al año, los actuales trabajadores de À Punt han pedido por escrito en Les Corts que les aumenten la plantilla para que haya un relevo generacional. El planteamiento no es el de «las gallinas que entran por las que salen», estos meten en el corral todo lo que entre. Así lo han puesto negro sobre blanco los comités de empresa de la Corporació Valenciana de Mitjans de Comunicació y de la Societat Anònima de Mitjans de Comunicació, en un escrito en el que no se les cae la cara de vergüenza dirigido a los diferentes grupos políticos. Propuestas para «fortalecer el servicio público de radio y televisión públicas», dicen. Si el dinero de este proyecto fuera capital privado estaba el 95% de la plantilla en la calle a no ser que, aún con esas cifras, hicieran una programación tan alucinante que las audiencias fueran desorbitadas. Todo lo contrario, la televisión no la ven ni los familiares de los que salen. De la radio, por curiosidad y tras salir el último estudio de audiencias, en la ciudad de Valencia tienen 3.000 oyentes. Te pones en la calle Colón con un megáfono a pilas y te escucha más gente. En definitiva, tenemos de nuevo un agujero por donde se va el dinero de nuestros impuestos y con la tendencia de empeorar. Los que están en plantilla no quieren el camino de la externalización ya que esta modalidad es la más común y competitiva dentro del mercado privado. Claro, los salarios también son comunes y competitivos, nada que ver con las condiciones de los 600 de plantilla. Nos puede explicar alguien ¿cómo es posible que con toda esa gente contratada sea necesaria una paga extra de 800 euros para la cobertura de la campaña electoral? Nos puede explicar alguien, con 600 trabajadores ¿cómo es posible que se acabe contratando y pagando a una empresa externa para atender retransmisiones en Fallas? Como no tengo el compromiso de participar en los programas de À Punt ni me pagan por ello, puedo hablar con plena libertad ejerciendo el maravilloso derecho que nos ofrece la democracia y que no es otro que el de la crítica. Hemos pasado de ver cómo Alberto Fabra en noviembre de 2013 tomaba la difícil decisión de llevar a negro Canal 9 (y no pasó nada), a cómo los trabajadores quieren hacer el bicho de À Punt más grande, sin ningún partido político que ponga algo de sentido común a la gestión de un ente totalmente fuera de lugar y abocado al más absoluto de los fracasos. Mientras tanto, millones de euros que podrían ir a la construcción de hospitales o colegios, tirados a la basura. Le hago una pregunta: ¿de verdad cree que pasaría algo si hoy mismo lo volvieran a cerrar? Pues eso.