Patrimonio de la Humanidad

¿Proteger la Lonja con paneles no es admitir un fracaso ciudadano? Mientras, la falla municipal se basa en grafitis y pintadas

Francisco Pérez Puche
FRANCISCO PÉREZ PUCHE

La solución que el Ayuntamiento adoptó esta misma semana para proteger las escalinatas de la Lonja durante las fiestas falleras me pareció lógica y adecuada en el primer instante. Al ver la foto, incluso vi una cierta dignidad estética en la idea de tapizar los paneles protectores con imágenes del salón columnario. Pero no habían pasado ni tres minutos cuando empezó a invadirme un sentimiento incontenible de vergüenza: ¿Es que es preciso ocultar los monumentos para ponerlos a salvo del vandalismo, la guarrería y el botellón? ¿Tan mal están las cosas en nuestro civismo que hemos de proteger aquello que más nos enorgullece de unas hordas de salvajes?

Desde ese momento no puedo evitar un sentimiento de frustración y derrota. De claudicación cívica. Porque con la mejor buena voluntad, con la intención más recta, en Valencia hemos empezado a hacer, a través de una decisión que puede hacer historia, vergonzosas renuncias en la batalla de la defensa del patrimonio ante lo que sabemos que viene: el salvajismo que campa a sus anchas durante las Fallas.

Pasa en muchas sitios, es verdad. Pero eso no debe ser un consuelo, sino un acicate. Las ciudades que se desviven por poner en valor sus mejores monumentos, las que pugnan por alcanzar el difícil galardón de tener piezas calificadas como Patrimonio de la Humanidad, no pueden, ni deben, caer en la sinrazón moral de culparse porque no tienen dispuestas cámaras de vigilancia que controlen a los agresores, como pasa en Santiago de Compostela. Esta ha de ser una batalla culta y educada, no tecnológica.

Las ciudades no pueden culparse, sino actuar. No pueden dejar de sentir desazón, un cierto bochorno, porque en última instancia se ven forzadas a tomar la decisión de ocultar un monumento, patrimonio de la Humanidad según la UNESCO, durante unas fiestas que también gozan de esa misma declaración protectora. Porque encerrar el patrimonio no basta. ¿Podemos proteger con vallas vergonzantes docenas de estatuas, palacios, iglesias, fuentes y fachadas? Una ciudad no es un gueto. Una ciudad no es un campo de concentración rodeado de alambradas y cámaras. La ciudad es el reverso de la cárcel precisamente porque en ella, habiendo libertad para todos, convive y se expresa el respeto de todos a lo que es patrimonio del pueblo.

No, esto no encaja en las coordenadas de educación que recibimos los de mi generación; los que odiamos la «mascletà» por la guarrería que le sigue en el suelo. Somos los que dudamos que la falla del Ayuntamiento --qué paradoja ¿verdad?-- se construya, precisamente, en base a grafitis y pintadas en las que ha colaborado el mundo oficial. ¿De qué servirá proteger la puerta de la Lonja si la gente mea en les Covetes de Sant Joan?. Hay que hacer algo cívicamente redentor y los primeros que deberían tomar la iniciativa habrían de ser los vecinos: el Mercado, los bares de la zona... y esa comisión fallera que afea la plaza con el chafarrinón de su carpa.