EL PARÉNTESIS

MIQUEL NADAL

Han pasado tantas y tan pocas cosas al mismo tiempo desde la dicha de la final de Sevilla que parece que fue hace un siglo, y todo lo sucedido después, la primera tormenta de julio, el viaje a Singapur, la nueva borrasca que acecha, no hace sino confirmar esa vieja tentación que a uno le persigue de capturar un instante de felicidad para dejar el fútbol, y aprovechar hasta el olvido de que Mangala llegó a jugar en el Valencia para desertar, y buscar otras preocupaciones. Para cuando la dimisión ronda mi cabeza ya ha llegado la renovación de los abonos, y el Trofeo Naranja ejerce de patrón de confirmación de la adicción. Hay una esperanza que proviene de días como los del Trofeo Naranja, y que al final dará con mis huesos fuera de Mestalla. No se recorren 160 kilómetros desde Oliva un sábado del mes de agosto para hacer la ola mejicana y agitar la linterna de un móvil. De continuar así, con ese bochorno que provenía de la temperatura ambiental, y del otro, el día era perfecto para añorar aquellos trofeos triangulares de cuando íbamos a Mestalla a ver fútbol, y no arengas desde la megafonía, propias del libro de estilo de cadenas infantiles. El fútbol es sencillo y hasta cierto punto primario. No es filosofía de Blaise Pascal. Pero no es necesario pregonarlo. Mis hijos y yo huimos de la localidad en el descanso para evitarlo. La Kiss Cam y la Bombo Cam son como esas imágenes de las cajetillas de tabaco que te anuncian en qué te puedes convertir en el futuro si el fútbol sigue esa deriva hacia el parque temático. Para acabar escuchando aquello de que la española cuando besa es que besa de verdad no hacía falta mejorar las alforjas del burro, ni mejorar la megafonía. Antes, con la excusa de la pésima escucha, teníamos la posibilidad de negar que se hubieran dicho las cosas. Ahora las tenemos audibles en toda su intensa torpeza. Vuelve el fútbol, la competición y la tentación, esa sí cierta, de abandonar cierto camino virtuoso para recaer de nuevo en vicios que creíamos amortizados, pero con los que tendremos que convivir. Aún no sabemos si la política de apaciguamiento del mes de agosto será duradera, o si la nueva temporada no confirmará que el Valencia de la temporada 2019-2020 es la 'Historia de dos ciudades' de Dickens. Tiempo habrá para comprobarlo como testigos, sin capacidad real de decisión. Mientras tanto continúa el fútbol que es de lo poco real que permanece en esta historia. Con Rodrigo o sin Rodrigo. El fútbol, que al parecer fue definido por Gary Lineker como ese deporte que inventaron los ingleses, juegan once contra once, y siempre gana Alemania, es también ese fenómeno social sobre el que cuando crees descubrir algo, Vicente Verdú, el maestro, ya lo había descubierto en 1980. El fútbol «la perfecta escenificación de la dicha escatimada y la ilusión repetida».