PAREJA DE BAILE PARA ROCA REY

PEDRO TOLEDANO

Hay que insistir. La hebra de pedir que se les haga caso a los jóvenes hay que seguir insertándola en el ojo de la aguja que todo lo cose en el toreo. Cierto que la empresa que lidera Simón Casas ha hecho algo más que un guiño a toreros jóvenes. Pero sin convicción. Sin irse al pitón contrario de la realidad que exige en estos momentos la fiesta. Si se le aplaudió que estuvieran anunciados Álvaro Lorenzo, Luis David y Pablo Aguado, mucho mayor reconocimiento hubiera obtenido de haber compartido éstos cartel con las figuras. Pero no. Y Román y Ginés Marín, con el emergente Emilio de Justo. Sólo Toñete aparece en un cartel más apropiado para que si cuaja una buena actuación ésta tenga el eco necesario. Sin promoción adecuada tampoco hay gloria.

No se entiende, con todo el respeto que se merece por su apabullante hoja de servicios, que Enrique Ponce y tampoco Paco Ureña, una vez que se confirmó la ausencia de Manzanares en la tarde de ayer, decidieran no darle entrada a un tercer espada. Y más teniendo en cuenta que el murciano reaparece después de haber sufrido, ¡ahí es nada!, la pérdida del globo ocular del ojo izquierdo. No podemos pensar que a estas alturas Ponce haya aceptado la fórmula por dinero, ni tampoco porque quiera sumar mayores laureles a su tremenda trayectoria. Y si no es por ninguna de estas razones, entonces ¿que les ha impedido aceptar el concurso de un tercero? Difícil de entender.

Lo que sí se hubiera entendido es haberle dado cancha a alguno de los jóvenes que irradian ilusión. Y a propósito, una pregunta y sin cambiar de tercio: ¿No sería oportuno aprovechar la providencial aparición de Roca Rey para propiciar el cambio? Hacía mucha falta una figura como la del peruano. Pues de repente ha logrado lo que ya parecía un imposible, que se hable de toros mas allá de los círculos meramente taurinos. Y también que las plazas se llenen sin necesidad de hacerse escoltar por los mismos consagrados de siempre. Abusar de este lujo sería peligroso. Urge encontrarle pareja de baile.