UN PANOLI PELIGROSO

Ramón Palomar
RAMÓN PALOMAR

Su aspecto me pareció un atentado contra el canon de los verdaderos delincuentes emparentados con nuestra tradición quinqui. La cámara le grabó de espaldas y no observamos su careto, pero sí el pulcro corte capilar. Lucía pantalón corto estrecho, y un polo blanco por dentro de esas bermudas beige. Esa guisa tirando a panoli gastaba el mayor ciberestafador de España, un tipo que, mediante malas artes informáticas, levantaba 300.000 pavos al mes. Dato curioso: ni un tatuaje ornaba los brazos o las piernas. ¿De qué van esta suerte de timadores que ni siquiera adoptan decoraciones tribales para vindicar su marginalidad? Si ya era malo que nada en su estampa revelase su criminal condición, peor se me antoja que tampoco apostase por los códigos de los piratas informáticos; esto es, unas espesas rastas precipitándose sobre la espalda y camiseta rabiosa ciscándose en el pérfido capitalismo de las lóbregas corporaciones que dirigen el mundo. Sin embargo, según las fuerzas de la Ley que le detuvieron, estamos ante un chaval de 23 años, de León, dotado de privilegiada sesera matemática y notable apetito hacia la violencia. Si alguien de su organización le abandonaba recurría a sicarios para que le propinasen una paliza. Los manguis genuinos se manchan ellos las manos ajustando las cuentas pues así consiguen el respeto del hampa, este muchacho no se despeinaba y por eso pagaba para que otros cumpliesen con su obligación. No manaba de este pájaro ni el toque elegante de los criminales de guante blanco, como el de aquel brillante carterista interpretado por James Coburn en «Harry Dedos Largo» (1973), ni el halo de extremo matón de Vince Vaughn interpretando a un exboxeador en «Brawl in block cell 99» (2017). Por eso el joven menda de León, con su figura tontolina, sin duda es un depredador peligrosísimo.