Pancarta

En la próxima legislatura se hablará más de inversiones en infraestructura y cemento; la pelea va a ser por el presupuesto

Francisco Pérez Puche
FRANCISCO PÉREZ PUCHE

Veo al alcalde sosteniendo una pancarta delante de la Estación de Autobuses y no puedo más que conmoverme. A Joan Ribó eso de las campañas electorales, de los asesores y los jefes de producción pegajosos, le gusta tanto como ir al dentista. Pero no tiene más remedio que obedecer, estar a la moda y posar repetidamente mientras los taxistas que aguardan clientes con maletas le miran con un poquito de compasión.

La pancarta dice: «Una estació d'autobusos com València es mereix». Y eso quiere decir, más o menos, que el candidato de Compromis está prometiendo que, si es reelegido, hará gestiones para que la Generalitat se ponga manos a la obra y reforme una infraestructura básica de la ciudad, anticuada, cochambrosa y falta de inversiones por parte de un concesionario que se llama andana.

Sí, es posible que sí. Seguramente el PSOE y Compromís, en la Generalitat, van a echar esta vez un pulso muy serio por el control de las finanzas y las infraestructuras. Los valencianistas, pienso ahora viendo al alcalde, quieren consolidarse, han entendido al fin que la ciudad de Valencia es clave para el control de la autonomía y, pensando en el más allá, creen que llega la hora de invertir en la capital, algo que se esfumó del horizonte cuando Camps dejó la presidencia. De modo que es probable, sí, que en esta segunda legislatura se ponga menos énfasis propagandístico en las áreas del bienestar social y la educación, y se empiece a hablar más de asuntos relacionados con el presupuesto y el cemento. La sola exhibición de la pancarta, en realidad, fue un desafío a la Consellería de Infraestructuras el día mismo en que Puig y Oltra se saludaban para empezar a negociar el futuro.

Con todo, el alcalde, que lo que quisiera es poder explicar con calma, reflexivamente, lo que va expuesto en los dos párrafos anteriores, no puede hacerlo. No hay periodistas ante él; se encuentra solo, pancarta en mano, ante el fotógrafo y un par de colaboradores de la campaña, encargados de llevarse el panel porque debe haber costado cuarenta y pico de euros. La imagen final que publica el periódico es, sin pretenderlo, el mejor resumen de la inanidad, del creciente vacío, de la superficialidad de las campañas electorales de este tiempo. Porque, además, la Junta Electoral -dice la noticia- ya ha apercibido 18 veces al gobierno municipal por convertir en propaganda electoral oportunista lo que ellos consideran meras noticias municipales.

Difícil, complicado, cansino, hacer campaña en los tiempos que corren, de austeridad radical y mensajes estrechos. El caso del alcalde es un ejemplo que nos vale para todos los partidos. El caso es que los que montan campañas ni preparan tardes de vocación técnica en el Colegio de Ingenieros de Caminos ni permiten hablar con el presidente de la compañía propietaria de la Estación. Lo único que facilitan es lo que queda: el facilón, lineal y simple formato de la pancarta de cuarenta euros. Una lástima.