Los países catalanes, ¿realidad o ficción?

La cuestión de los quiméricos 'países catalanes', de la 'gran Cataluña' o de la 'nación catalana' no es un tema nuevo, ni banal; ni tampoco una paranoia de algunos ciudadanos valencianos, como lo calificó un eminente político actual valenciano, con mucho mando y poder en la Comunidad Valenciana. Es un problema político de inmediato futuro, ya denunciado en 1978 por el erudito Vicente Ramos, académico de la Real Academia de Cultura Valenciana en su libro 'Pancatalanismo entre Valencianos'.

La pretensión de constituir esta entidad cultural y política es una obsesión persistente de algunos grupúsculos soberanistas e independentistas catalanes que actúan en connivencia expresa con sectores de la población valenciana muy radicalizada e ideologizada que durante años han estado vertebrando esta idea.

Cabe recordar que las revoluciones culturales que inoculan el germen de las trasformaciones culturales, sociales y políticas son más duraderas que las belicosas porque actúan de forma permanente sobre las mentes de jóvenes estudiantes en etapas de formación docente e intelectual. Preguntado, hace unos años, el que fuera catedrático de arqueología de la Universidad de Valencia Miquel Tarradell ¿Son realmente una entidad política los países catalanes? Su respuesta fue: «Es claro que sí; la conciencia de entidad política se crea en la escuela».

El origen del pancatalanismo podemos remontarlo a las ideas decimonónicas del nacionalismo exaltado de Prat de la Riva y de Antonio Rovira y Virgili. Éstos mantenían que el dominio geográfico de un mismo idioma nacional catalán está claramente delimitado y coincide, en efecto, con el territorio de esta nacionalidad que constituye el futuro Estado nacional, ideal máximo del catalanismo. En virtud de este sofisma «unidos por el origen, por la común historia y por el lenguaje, los catalanes, los valencianos, los mallorquines, los rosellonenses somos un mismo pueblo, una nación unida». Hoy en día ya se habla de catalanes de Valencia, catalanes de Mallorca, etc., pues por la comunidad del idioma y escribiendo historias falsarias se llegará a la futura unidad política. El nacionalismo independentista catalán es obsesivo y manipulador histórico. Pretenden hacer realidad su ensueño y su proyecto anticonstitucional.

El 18 de abril de 2013 recogía el diario LAS PROVINCIAS que el líder de Esquerra Republicana de Cataluña, Oriol Junqueras, impartió una conferencia en la Facultad de Historia del Estudi General-Universitat de Valencia, titulada 'Catalunya independent...i el País Valencià?'. En su disertación afirmó que el proceso iniciado en Cataluña calará «en el País Valencià y por supuesto en el Principat». La prensa valenciana publicaba hace algunos meses que el artículo 13 de la propuesta de la Constitución catalana, redactada por la plataforma 'Constituïm', ofrece dar su nacionalidad a los valencianos, por los nexos culturales y lingüísticos que tenemos con ellos. Ni que fuéramos apátridas. El texto define a Cataluña como una república y rechaza la oficialidad de castellano. Eso sí, este idioma tendría «un estatus jurídico especial, como patrimonio cultural».

El 4 de julio de 2016 LAS PROVINCIAS recogía que la CUP «planea aprovechar las políticas del Consell para entrar en la Comunitat», y este mismo partido político convocó el 13 de septiembre de 2017 un acto a favor del referéndum independentista del 1 de octubre en la plaza de la Virgen de la ciudad de Valencia, coincidiendo con una similar convocatoria en otros lugares significativos de Barcelona, Palma de Mallorca y Perpiñán, capitales de los cuatro territorios que formarían los países catalanes; acciones simultáneas de precampaña en apoyo de la ilegal autodeterminación de la nación catalana.

El polemista Joan Fuster sostenía que con prudencia jamás ha prosperado ningún imperialismo. Y su consejo, llevó a dictaminar a algunos catalanes que nunca conseguiremos la desvinculación de Castilla, a menos que nos impongamos la obligación firme de llevar al extremo nuestra máxima aspiración.

La entelequia de los países catalanes es una megalomanía¸ una ambición que está en plena virulencia, una ficción antihistórica manipuladora y tergiversadora de lo que muestra y se deduce de la documentación archivística y un producto genuino de una exacerbada política antidemocrática que infringe el texto y el espíritu de la Constitución Española vigente de 1978.

Rompiendo con la racionalidad, factores de índole diversa van a inducir al gobierno catalán a quebrantar la Carta Magna constitucional que fundamenta el Estado de Derecho y a desafiar al Estado Español y al Tribunal Constitucional convocando la pantomima del proceso electoral del 1-O en Cataluña.

Cara al futuro, los valencianos no debemos ser sujetos pasivos en esta coyuntura histórico-política.

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