Pacto líquido

Ese blanqueo de la fidelidad oportunista es el signo de los tiempos. Y el lenguaje nos ayuda

María José Pou
MARÍA JOSÉ POU

Las líneas rojas no existen; son los padres. En política no hay palabra ni principios, de lo contrario las líneas rojas que se marcan, con grandes alharacas y fanfarrias, se mantendrían contra viento y marea y su vulneración sería la excepción, no la norma. En cambio vemos cómo, a diario, el rojo de esos límites inamovibles se diluye hasta convertirse en un sonrosado blanco roto, pastel y líquido, provisional y voluble.

Quienes ayer presumían de que jamás iban a pactar con Vox, de que no iban a aceptar la abstención de Bildu o de que no había nada que hacer respecto a los extremismos, hoy los encuentran razonables como ejemplos de pluralidad y búsqueda de mayorías estables. «Mayorías estables» es un buen eufemismo para disfrazar el deseo de muchos de tocar poder. «Mayoría estable» es un reparto de tarta disfrazado de bien común. Eso es lo visto en Les Corts en las últimas horas con un Botànic de dientes apretados y un poco menos happy que el primero.

Sucede algo parecido con el «gobierno de cooperación» que está planteando Sánchez. Lo reconoció Adriana Lastra al presentarlo con un detalle sutil que evidenció el argumentario de Iván Redondo. Cuando lanzó la expresión «de cooperación» apuntó que era «plural, abierto, integrador» y en ese momento, viendo que no había hecho uso de la expresión recomendada por los expertos, consultó de soslayo sus papeles y encontró la palabra mágica: «incluyente». El gobierno de cooperación es menos restrictivo que el gobierno de coalición, a la sazón un corsé demasiado apretado para Pedro Sánchez. Un compromiso permanente es incómodo para alguien que dice A cuando es candidato y B cuando es presidente e incluso C cuando le vienen mal dadas. Así lo reconoció en su momento la vicepresidenta Carmen Calvo. En definitiva, lo que se busca es una relación abierta. Como en las parejas que no están dispuestas a asumir el compromiso y lo justifican con mucha tolerancia hacia la infidelidad, así el gobierno de cooperación es el marco para dar por bueno otros apoyos distintos a los decididos al comienzo de la legislatura si la pareja oficial no es suficiente para el otro. «Cooperación» es un modo de blanquear la alianza variable. Si no le gustan mis principios, tengo otros, como diría Groucho Marx. Si no me conviene pactar con X porque impide otro acuerdo más beneficioso, la cooperación abre más opciones. Ese blanqueo de la fidelidad oportunista es el signo de los tiempos. Y el lenguaje nos ayuda a ello. De hecho, la Real Academia Española ha tenido, desde su fundación, un lema que bien pudiera hacer suyo el míster proper de la lengua: «Limpia, fija y da esplendor». El de la política, si existiera, lo formularía así: el lenguaje «blanquea, fija y bruñe» cualquier afirmación que se quiera hacer pasar por válida habiendo dicho exactamente lo contrario en momentos anteriores. Es el único modo de vender los pactos 'líquidos' de gobierno.