El 'Pacte del Poli'

Hay que cambiar de escenario para el pacto: Botánico II suena a rey godo. Otras universidades merecen su oportunidad

Francisco Pérez Puche
FRANCISCO PÉREZ PUCHE

Se acercan las negociaciones para la formar el gobierno autonómico y los periódicos, para entretener una espera que se puede demorar hasta la Feria de Julio, hacen cábalas sobre su composición... e incluso sobre el nombre del eventual pacto. Es así como el término Botánico II, o mejor Botànic II, ha empezado a circular, adelantando lo que vendrá. Y es ahí donde me planto, por varias razones.

La primera es que no me gusta ni Botánico II ni Botànic II. Si a palo seco pudimos acostumbrarnos, así, con los dos palitos, en castellano resulta que suena a rey germánico, visigodo quizá; y en valenciano tiene toda la pinta de referirse a un conde barbudo del Ampurdán o el Pallars Sobirà. Ni hablar.

He probado a poner delante lo que debería llevar en justicia, que es la palabra huerto, pero la cosa empeora. Insinuar que el PSPV se lleva al huerto a Compromís, o viceversa, es una incorrección que no quiero permitirme.

Así las cosas, he caído en la cuenta de que tanto el 'Pacte del Botànic' como el 'Govern de la Nau' hacen referencia a los lugares que el doctor Morcillo, rector de la Universidad (Literaria) en 2015, cedió a los negociadores para que encontraran la serenidad sin ambiciones que hizo posible el contrato. Que ha tenido el sello indeleble -pelín escorado, si les digo mi verdad- del 'alma mater' decana, el nido protector.

Y es ahí donde me planteo, si es que ese pacto va a ser inevitable, si no sería bueno que cambiara de universidad. ¿Por qué no una universidad privada?, pregunto, aún a sabiendas de que lo público -sea escuela, hospital, transporte o universidad- es lo que de verdad chifla a los futuros contrayentes. Pero prueben a ver. Piensen que la Universidad Católica tiene tantos locales que ni han podido censarlos todavía. Piensen también en la sobria solemnidad del antiguo Seminario que usa el CEU-San Pablo. Piensen en universidades modernas y privadas pero no me olviden a la UNED. Y cuenten, sin lugar a dudas, con que las universidades de Castellón y Alicante cederían aulas, auditorios y campus como lugar para el concilio.

Sí, vertebremos. Hagamos un 'Pacto de la Miguel Hernández', con mucho acento social. O un 'Tractat de la Jaume I', foral y de antiguas esencias, para inmortalizarlo en un retablo de azulejos.

Con todo, hay una Universidad, siempre un poco postergada por las izquierdas, que se prestaría generosa a ser el marco de las negociaciones. Es la Universidad Politécnica, que precisamente está cumpliendo su 50º aniversario. Hagamos, como es de ley, un gobierno concebido en la esfera de las nuevas tecnologías, de la robótica, la ingeniería y la edificación. Tras el Jardín Botánico, usemos ahora los invernaderos agronómicos que combaten viroides; después del solemne patio de Luis Vives, vamos, aunque sea por una vez, a la seducción del ferrocarril, la carretera, la obra hidráulica y todo eso que configura la vulgaridad del mundo práctico. Hagamos, sí, el 'Pacte del Poli'.