LA 'PACIFICACIÓN' DEL TRÁFICO

ANTONIO VERGARA

La llegada a la administración municipal de la izquierda y los catalanistas (camuflados) ha instaurado un lenguaje realmente detestable, repetitivo, tópico y estúpido.

Algunos ejemplos: 'visibilización', 'implementación, 'empoderamiento', 'pacificación' o 'portavozas'. Todo lo inútil empezó con las muchachas de Zapatero, 'miembros y miembras' -hallazgo semántico de la monina e incapaz ministra Bibiana Aído-.

Esta ministra pasará a la historia de los políticos españoles por más frases gloriosas: «Cualquier joven puede ponerse tetas aunque sus padres no lo sepan»; o «voy a dar el teléfono para resolver las dudas de los maltratadores». Quería referirse a las dudas de la mujeres maltratadas. Fue ministra de Igualdad con el increíble hombre menguante: José Luis Rodríguez Zapatero.

Zapatero, mediador con el dictador venezolano Nicolás Maduro, medió tanto que Venezuela se aproxima a una guerra civil mientras la oposición está en la cárcel. El capitoste de Podemos, Pablo Iglesias, sueña con lo mismo. Pero en España.

Una de las frases trascendentales del 'Cejas' la escuchamos cuando se produjo el incendio de Guadalajara en 2005. Hubo 11 muertos de los equipos de extinción. Zapatero, el origen de todos nuestros desastres políticos actuales, se enteró mientras asistía a una función de ballet, tal vez 'La Bella Durmiente', con música de Tchaikosvy. Tardó tres días en visitar el lugar de autos para que alguien enmarcara a fuego su frase inmortal: «Este incendio es una de las consecuencias del cambio climático».

En realidad, la causa de la catástrofe fue que unos excursionistas no apagaron convenientemente el fuego de una barbacoa donde habían asado chuletas de cordero, longanizas, morcillas y tocino de cerdo, un peligroso conductor del fuego. Y Zapatero se quedó tan pancho.

La semántica -modernizada- de la izquierda de siempre se aplica también al tráfico urbano desde que el 'Abominable Hombre de las Bicis', Giuseppe Grezzi -nacido en Vico Equense, pueblo próximo a Nápoles- inventara la expresión «pacificar el tráfico». Al principio de descoyuntar la ciudad que nos vio nacer y a quien queremos tanto o más que a la cebra (hembra) de Grant, Grezzi -un iluminado sin más luces que las de cruce- puso en circulación el término «convivencia».

Dejando de lado que «convivencia» nos remite a las jornadas que los católicos organizan para sí mismos con modestia y humildad, en la intención de Grezzi significaba que todos y todas, como en el himno La Internacional («Del pasado hay que hacer añicos / Legión esclava en pie a vencer / El mundo va a cambiar de base / Los nada de hoy todo han de ser»), debían «convivir» sin atropellarse los unos a los otros.

Una Arcadia feliz que ha resultado ser como el 'western' 'Del infierno a Texas'. Las bicis por las aceras o no respetando el sentido prohibido (de noche, sin luz) ni los pasos de peatones; éstos, indefensos por la arrogancia del pedaleo (Grezzi utiliza una bici eléctrica); arbitrarios cambios de direcciones para castigar el tráfico 'oportunista' (sic); situar en la Porta de la Mar el 'intercambiador' de los autobuses municipales, medida claramente ideológica porque se pretende 'tapiar' la Cruz de los Caídos ya que Ribó no se atreve a volarla y eso que es químico; transformar la avenida del Cid en un embudo, etc. etc.

Los usuarios del taxi que charlan con estos abnegados profesionales del volante, les preguntan. Y cuando se nombra a Grezzi no sólo palidecen, sino que -he aquí lo positivo- nos cuentan las mil y una catastróficas anécdotas cuyos responsables son el paradójicamente llamado 'Consechal de Movilidad Sostenible' (la que hasta su mandato se sostenía sola) y el 'tapado' 'Batlle' Joan Ribó, un zorro político que nunca da la cara, no en vano procede del PCPV (Partit Comunista del País Valencià). Nació en 1947.

El tráfico se 'pacificaría' si no lo toqueteasen tanto y la plaza del Ayuntamiento no fuera un mercadillo de hortalizas y 'música' entre garrula y hortera.