PACIENCIA

Ramón Palomar
RAMÓN PALOMAR

Lo que se desprende de los testimonios pronunciados por la multitud de policías que desfila ante los jueces del TS durante el juicio que alimenta nuestras jornadas de eterna campaña electoral es el blindaje de infinita paciencia que lucieron. Soportaron insultos, escupitajos, provocaciones, acosos de diversos pelajes y teatro de furiosa expresión corporal por parte de los cuentistas a los que la porra ni siquiera les rozó.

Aguantaron el chaparrón con notable estoicismo y mirada resignada porque estaban solos. El poder político, cuando la jornada del referéndum de cartón piedra, les abandonó a su suerte colocándose de perfil por aquello de no herir susceptibilidades, por no provocar al que en realidad ya braceaba inmerso en el torrente de la ira. Frente a la oratoria de lírica quincallera derramada por los líderes de la revuelta, ese gazpacho sentimentaloide del que tanto se burlaba Pla, contrasta la fría precisión de los maderos que declaran. Emplean esa prosa gélida de funcionarios acostumbrados al rigor, a la austeridad que les rodea en sus comisarías de paredes desconchadas o en sus viejos vehículos. Si en el bando de la secesión abundan los sermones cargados de odio (que se lo pregunten a Cayetana Álvarez de Todelo) y violencia destinados a fertilizar los espíritus impresionables que muerden el anzuelo y agarran el garrote, los policías comentan lo sucedido sin rastro de pasión. Despachan las siniestras trapisondas de aquellos días como quién narra una película aburrida, inevitable. Pero ofrecen detalles, pruebas, nombres, apellidos, números de matrículas de coches camuflados de la Generalitat catalana con mossos en el interior en tareas de vigilancia chapucera. Policías nacionales y guardias civiles obedecieron las órdenes demostrando profesionalidad y paciencia, muuucha paciencia.