Pablo, Albert, Pablo

CÉSAR GAVELA

Los tres se la juegan el 28-A. Lo que no le sucede a Pedro, sobre cuyo ego y gasto se está construyendo la iglesia socialista. Pedro, que tiene el mejor sanedrín, saldrá airoso de los idus de abril, eso no se duda, aunque ignoremos la dimensión de su victoria. Menos aún por donde irá su política real.En cuanto a Santiago el Menor también ganará porque saldrá de las tinieblas exteriores y su crujir de dientes, para alcanzar el sol de la existencia política y quien sabe si de la condición decisiva. Porque los pescados del lago Tiberiades aún no están todos vendidos. Pese a las apariencias.

Tal vez Pablo Iglesias se la juega más que nadie. Porque un resultado malo dentro de once días le enviará a su palacio junto al bosque de Getsemaní. Es lo más probable si los comicios confirman las encuestas. En cuanto a Albert, el más difuso de todos, el más reticente en su error errante, probablemente tampoco tendrá salvación pese a su juventud y sus muchos méritos de antaño. Haber huido del centro, el único lugar de Judá donde se ganan las elecciones, lo condena al Averno del fracaso. Por mucho que ahora trate de corregirse. Albert decidió inmolarse en el altar de Vox. Para él su particular Baal, su dios falso. Que le puede llevar a la ruina. Aunque arrimará a Arrimadas al cetro y al centro. Pero eso será para dentro de mucho, y ya se sabe que en política decir dentro de mucho es como mentar al más allá.

El otro Pablo, el menor, aunque casi de la misma edad que el mayor, el Pablo de Galapagar, también cayó en el pecado de Albert, y ahora se enfrenta a contentarse con poco más de la mitad de los escaños de su antecesor, que no mentor, Mariano, que no fue apóstol, pero que conoció las mieles del triunfo aunque luego vinieran las hieles de Bárcenas y su implacable testamento. ¿Qué hará Pablo de Palencia si las encuestas aciertan? ¿Se irá como tendrá que hacer Pablo de Galapagar, el vecino de los toros victorinos? Pues es lo más probable, aunque doloroso. También será doloroso para Albert, unido en su destino a sus rivales, con los que comparte generación y puede compartir la prematura retirada.

En la tierra valenciana, más cercana que Madrid a las costas de Galilea, Joaquín, el vicario de Pedro en la región (antes lo fue de Susana), sabe que le espera la alegría, moderada, de la victoria dulce y central. Porque será muy raro que no sea él el sumo sacerdote de la política autonómica que viene. En cuanto a Antonio, vicario a su vez de Albert en las tres provincias verticales, dispara, algo desesperado ya, en todas las direcciones. Y anhela ser el apóstol preferido de Joaquín. Pero Mónica parece que repunta después de la dura prueba del desierto a la que le llevó su maestro, y todo indica que continuará a su derecha, después de las urnas del último domingo de abril.

Muchos dirigentes van a ir al purgatorio en apenas 270 horas.